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Ya hemos escrito varias veces sobre el arroz dorado, y es que ha sido uno de los cultivos transgénicos más comentados: la idea es introducir en plantas de arroz genes de otras especies que le permitan producir beta-caroteno, para paliar la deficiencia en vitamina A en países empobrecidos como Filipinas o India, una carencia que se encuentra detrás de la ceguera nocturna.

Tras rechazar acudir a una convocatoria del comité de Medio Ambiente y Agricultura para discutir las irregularidades en torno a los estudios de seguridad del glifosato, el Parlamento Europeo ha aprobado vetar la entrada a todos los lobbistas de Monsanto.

Sigue sin estar claro cuál va a ser el futuro del glifosato a nivel europeo. En estos días, el portavoz del gobierno francés, Cristophe Castaner, ha declarado en una entrevista que el gobierno francés pretende haber eliminado todos los usos del glifosato en Francia para el año 2022, y que realizará fuertes inversiones en la investigación de alternativas.

A menudo se muestran los transgénicos como una herramienta clave para acabar con el hambre en el mundo, acusando a quienes nos mostramos críticos con las aplicaciones agrícolas de la ingeniería genética de estar retrasando la llegada de esta salvación a los países más desfavorecidos (este ataque suele tener como protagonista al arroz dorado, pero también a otros cultivos).

En estos momentos, el futuro del glifosato está debatiéndose tanto en la UE - donde los Eurodiputados de Los Verdes están colaborando con científicos asociados a la IARC para reanalizar los estudios "secretos" a los que por fin han conseguido acceder - como en EEUU, donde el