EEUU: Herbicidas asociados a nuevos transgénicos provocan daños masivos a los cultivos vecinos

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Scott Sinklier/Getty Images

El cultivo transgénico más extendido con diferencia en todo el mundo ha sido la soja tolerante a glifosato. Estas plantas pueden ser rociadas con glifosato una vez crecidas y sobrevivir, de manera que se puede aplicar el herbicida y acabar con todas las malas hierbas sin matar al cultivo. Sin embargo, desde hace unos años algunas malas hierbas han desarrollado por sí mismas la capacidad de resistir también a este herbicida, lo que hacía necesario aplicar dosis mayores o recurrir a otros métodos para eliminarlas.

La solución propuesta por las empresas ha sido desarrollar nuevos cultivos transgénicos tolerantes a otros herbicidas diferentes (en ocasiones a varios), cada vez más agresivos. En EEUU han empezado a comercializarse variedades de soja y algodón tolerantes al dicamba, otro herbicida. El dicamba es particularmente propenso a "la deriva", es decir, a ser transportado por el aire a las parcelas vecinas o incluso a distancias más largas.

Los herbicidas como el glifosato o el dicamba no sólo se utilizan sobre los cultivos modificados genéticamente: en agricultura convencional se utilizan a menudo para eliminar las malas hierbas del suelo antes de implantar un cultivo. En el caso de estos cultivos transgénicos, la diferencia es que el herbicida puede volver a aplicarse más adelante.

En algunas zonas de EEUU, las parcelas con semillas transgénicas tolerantes a dicamba están cerca de las parcelas convencionales, y, debido a la deriva, el herbicida aplicado sobre las plantas transgénicas ha viajado hasta otros campos, destruyendo el resto de cultivos. Este tipo de disputas entre vecinos suelen resolverse sin demasiados problemas, pero en este caso la magnitud de los daños ha sido tan grande - podría haber afectado a cerca de 100.000 hectáreas de soja y también a cultivos de tomate, melón, cacahuete... - que el conflicto no ha hecho más que escalar, traduciéndose incluso en un asesinato.

Según David Hundley, que gestiona la producción de forraje para una granja avícola, "Está fracturando a la comunidad agrícola. Tienes que elegir: o estás en el bando que utiliza el producto, o en el bando que sufre los daños del producto."

"Creo que simplemente es parte de la curva de aprendizaje", ha declarado Ty Witten, Director de la División de Fitosanitarios en Norteamérica de Monsanto.

Los departamentos de agricultura de Arkansas y Missouri prohibieron el pasado viernes 7 de julio la utilización de dicamba durante los próximos cuatro meses, y aumentaron la multa por mala utilización del herbicida de los 1.000$ previos a un máximo de 25.000$.

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