Los consumidores chinos no se fían de los transgénicos - y están afectando al mercado

Imagen:
Emma Gascó y Martín Cúneo

Lo que no se consume, no se produce. Hace ya tiempo vimos como los supermercados alemanes habían adquirido un compromiso fuerte no sólo respecto a la comercialización de productos transgénicos, sino también de productos de animales que hubieran sido alimentados con piensos transgénicos - y cómo eso afectaba a la producción en Brasil. En esta ocasión hablamos de un gran mercado mundial, el chino, y de cómo sus consumidores están haciendo que el mercado cambie con su decisión de no consumir aceite de soja transgénico (en contra de la postura de su gobierno).

El concepto de "votar con la cartera" no deja de tener sus peligros - se limita a la acción individual, y sigue dando más "poder de voto" a quien más "cartera" tiene - pero en ocasiones como esta puede ser determinante para que los cambios se materialicen.

Título: 
La desconfianza de la población china respecto a los transgénicos, un duro golpe a los procesadores de soja
Origen: 
Reuters
Fecha: 
Viernes, 28 Abril, 2017

La demanda de aceite de soja está empezando a verse significativamente afectada por el rechazo de los consumidores chinos a los cultivos modificados genéticamente. El aceite de soja es el principal aceite utilizado por la población china para cocinar, por lo que esto podría suponer una crisis para los procesadores, un sector de varios miles de millones de dólares que depende de la soja transgénica procedente de EEUU y otros países.

Las ventas de aceite de soja suponen en torno al 36 por ciento de los aceites para cocinar utilizados en las cocinas chinas, más del triple del siguiente aceite más utilizado, y la mayoría se produce a partir de soja importada, casi toda transgénica.

El gobierno chino mantiene que los productos transgénicos son tan seguros como los convencionales, pero los consumidores urbanos más pudientes están sustituyendo el aceite de soja por el de girasol, cacahuete o sésamo, todos libres de transgénicos.

Una encuesta de Nielsen del año pasado concluía que cerca del 70 por ciento de los consumidores en China limitaba o evitaba algún tipo de alimento o ingrediente, en comparación con la media global del 64 por ciento, y un 57 por ciento señalaba los transgénicos como indeseables.

"Todo el mundo dice que el aceite de soja tiene transgénicos," dice Mr Liu, un pekinés de 70 años que está haciendo la compra con su mujer en Walmart. "Mejor no comer mucho. Parece que no son seguros. Es como lo de las hormonas. Me da el mismo miedo comer transgénicos que hormonas."

Esta actitud está afectando ya a las ventas. Las ventas de aceite de soja en los supermercados cayeron un 1% el año pasado, hasta los 35.700 millones de yuanes (5.190 millones de dólares) según los datos de Euromonitor, mientras que las alternativas crecían entre un 2 y un 6 por ciento.

"El aceite no transgénico está sustituyendo gradualmente al aceite de soja", dice Johnny An, director logístico de la empresa Aramark, encargada del cátering de bancos, oficinas gubernamentales y colegios de más de 60 ciudades chinas.

Hace unos años el 10-20 por ciento de los clientes de Aramark pedían aceite libre de transgénicos, dice. Ahora es más de la mitad.

Este cambio supone un gran problema para los procesadores, dice Paul Burke, director en Asia de la U.S. Soybean Export council, al hacerles buscar nuevos mercados para su aceite de soja. Sin embargo aún no ha tenido un impacto notable en las importaciones debido a que la harina de soja utilizada en los piensos animales (el principal producto del procesamiento de la soja) se mantiene fuerte a medida que China expande su sector ganadero.

Producto premium

La encuesta de Nielsen recogía que más de cuatro de cada cinco compradores chinos estarían dispuestos a pagar más por productos libres de transgénicos, y una botella de cinco litros de aceite de soja libre de transgénicos ya se vende por un precio un veinte por ciento superior al que sí procede de soja transgénica. Aun así, esto no se está traduciendo en unas mayores ganancias para los procesadores de soja.

China es la principal consumidora de aceite de soja a nivel mundial - este año utilizará 16 millones de toneladas - pero los procesadores dependen de EEUU y Brasil, que cultivan soja transgénica, para obtener el 86 por ciento de las 84 millones de toneladas de soja que importa el país.

En las explotaciones pequeñas de China, que no permite el cultivo de soja transgénica, los costes de mano de obra son altos y la productividad es baja, lo que aumenta los costes de producción de la soja no transgénica. Cuestan un tercio más que la soja no transgénica cultivada en otros lugares.

Procesadores como China Agri Industries, parte de la distribuidora internacional agroalimentaria COFCO y una de las principales procesadoras del país, señaló a Reuters que necesita mejorar su aprovisionamiento de materias primas no transgénicas para ajustarse a la "demanda creciente del mercado".

Mientras tanto las procesadoras están perdiendo dinero, dado que la competencia con otros aceites comestibles y los excedentes cada vez mayores han hecho que los futuros del aceite de soja en China caigan este año un 18 por ciento más, alcanzando su mínimo en varios años.

Algunos procesadores estan tomando medidas radicales para encontrar nuevas fuentes de soja libre de transgénicos.

Henan Sunshine Oils and Fats quiere comprar hasta 15.000 hectáreas de tierra en Ucrania para cultivar y procesar soja, colza y girasol no transgénicos, dice Yang Renyi, vicepresidente del grupo y director general del departamento de relaciones internacionales.

Eso sería una parcela muy grande; en EEUU las explotaciones más grandes tienen una media de 1.052 hectáreas.

El equipo de Yang realizó el año pasado dos viajes a Ucrania para investigar la posibilidad de producir, almacenar y procesar allí el aceite.

"Si consiguiéramos una superficie lo suficientemente grande seguramente nos gastaríamos al menos unos 200-300 millones de yuanes", dice Yang.

Los aceites libres de transgénicos - fundamentalmente colza y sésamo - ya suponen en torno a un veinte por ciento de las ventas de la empresa desde que el año pasado comenzaron su comercialización, añade.

Fe quebrada

El cambio de actitud en contra de los transgénicos en China ha sido alimentado por las redes sociales y la posición de personalidades de alto nivel.

El ministerio de agricultura ha intentado calmar la preocupación de los consumidores, poniendo en marcha campañas de educación y prohibiendo los anuncios que publiciten los productos no transgénicos como más saludables.

Sin embargo, años de escándalos alimentarios han afectado a la fe de los consumidores en la capacidad de Pekín para garantizar la seguridad del suministro de alimentos de la nación.

El aceite para cocinar es un tema particularmente delicado, tras un escándalo hace unos años debido a la utilización de un aceite reciclado conocido como "aceite de alcantarilla", así que los consumidores están alerta.

"Antes todo el mundo decía que el aceite de soja tenía transgénicos, ahora todos los anuncios hablan de aceite de soja no transgénico, pero seguimos sin comprarlo," dice Maxine Li, una trabajadora de banca de 28 años que está comprando en el mismo Walmart. "Creemos que el aceite de cacahuete es un poco más saludable."

 

Gráfico sobre las ventas de aceites comestibles en China (en inglés): reut.rs/2q9CQwc

Gráfico sobre la producción, consumo, importaciones y cotización (en inglés): reut.rs/2oNTwW7

 

(Artículo escrito por Dominique Patton y completado por Beijing Newsroom; edición de Josephine Mason y Will Waterman)

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