Mito 2.3: El informe Nicolia recopila más de 1700 estudios que demuestran que los OMG son seguros

Mito: El informe Nicolia recopila más de 1700 estudios que demuestran que los OMG son seguros

Realidad: El informe omite aspectos importantes, no demuestra que los OMG sean seguros y aporta pruebas sobre los riesgos asociados a algunos OMG

El mito en unas líneas: 

A menudo se cita un informe, elaborado por Nicolia y sus colaboradores, para alegar que hay más de 1700 estudios que demuestran que los alimentos y cultivos MG (modificados genéticamente) son seguros. Sin embargo, los estudios citados en el informe Nicolia y sus materiales complementarios, tomados en conjunto, no demuestran que los OMG (organismos modificados genéticamente) sean seguros.

La mayoría de artículos de la lista de los 1700 son irrelevantes o tangenciales a la hora de estudiar la seguridad de los alimentos y cultivos transgénicos comercializados como aptos para la salud humana, la salud animal y el medio ambiente.

En esta lista se incluyen algunos estudios relevantes en cuanto a la seguridad de los OMG, y demuestra algunos daños reales o potenciales de los OMG para la salud y el medio ambiente. Los autores del informe Nicolia ignoran u omiten estos datos sin aportar una justificación científica sólida. También ignoran las pruebas que contradicen las principales suposiciones en las que se basaron las autoridades para concluir que los OMG son seguros.

Nicolia omite estudios importantes que demuestran daños relacionados con los OMG e ignora por completo controversias fundamentales referentes a la interpretación de descubrimientos científicos sobre OMG.

Los autores utilizan justificaciones acientíficas para ignorar o descartar artículos importantes, incluyendo su decisión arbitraria de incluir solamente estudios publicados en los diez años posteriores a 2002.

Recopilar listas grandes pero cuestionables de estudios que supuestamente aportan pruebas sobre la seguridad de los OMG se ha convertido en una práctica común entre sus defensores. Esto, a largo plazo, puede conducir a la corrosión de la confianza del público en la ciencia en general.

Un informe de Nicolia y sus colaboradores, "Un repaso de los últimos 10 años de estudios sobre la seguridad de los cultivos modificados genéticamente,"[1]se cita a menudo[2] para argumentar que existen más de 1700 estudios que demuestran que los alimentos y cultivos modificados genéticamente son seguros. Esta lista, que los autores aportan como material suplementario de su artículo principal, es una colección de publicaciones sobre varios aspectos diferentes relacionados con el estudio y comercialización de OMG (organismos modificados genéticamente).

El siguiente análisis del informe Nicolia y las 1700 publicaciones que cita en sus materiales suplementarios pretende investigar si estas afirmaciones están o no justificadas. Este no es un análisis exhaustivo, sino que se centra en los aspectos más importantes del artículo. Se necesitarían meses para llevar a cabo un análisis completo, que daría lugar, por otra parte, a un informe demasiado largo y poco práctico. Sin embargo, incluso este nivel de investigación revela varios defectos del informe Nicolia, y apoya la conclusión de que no consigue aportar pruebas convincentes sobre la seguridad de los alimentos y cultivos MG.

Visión de conjunto sobre los problemas del informe Nicolia

1. Nicolia y sus colaboradores incluyen varios estudios que resultan tremendamente irrelevantes a la hora de estudiar la seguridad para la salud y el medio ambiente de los OMG comercializados o en vías de aprobación.

Los estudios que podrían resolver una cuestión tan esencial como es la de los impactos a largo plazo de los alimentos MG sobre la salud humana y animal consistirían, típicamente, en ensayos de alimentación a largo plazo en roedores, similares a los llevados a cabo para apoyar la aprobación de principios activos en los pesticidas. En un estudio de este tipo, a un grupo de animales se les aportaría una dieta con OMG y al grupo control una dieta sin OMG equivalente, en la que los ingredientes MG se sustituyeran por ingredientes no-MG isogénicos (con la misma base genética). El experimento duraría de 1 a 2 años.

Se han llevado a cabo pocos estudios de este tipo con OMG. La mayoría de los que se han hecho han sido realizados por investigadores independientes del sector, después de que el OMG en cuestión ya se estuviese comercializando: en otras palabras, no fueron necesarios para el estudio de riesgos ni para su aprobación por las autoridades. Los ensayos de alimentación en roedores llevados a cabo normalmente por el sector para apoyar la autorización de sus productos duran por lo general un máximo de 90 días, un período subcrónico demasiado corto para revelar efectos a largo plazo.

Los ensayos con animales a largo plazo deberían ser seguidos por un monitoreo post-comercialización sistemático, en el que los productos que contienen el OMG fueran etiquetados como tal y se estudiase en el mercado la incidencia de impactos sobre la salud humana tales como alergias, toxicidad crónica, carcinogenidad, toxicidad reproductiva y del desarrollo y teratogénesis. Por definición, estos impactos no pueden estudiarse en los ensayos de toxicidad de 90 días en roedores.

Aun así, no se han llevado a cabo estudios de monitorización post-comercialización en humanos con ningún OMG, a pesar de las evidencias cada vez mayores de sus efectos adversos sobre la salud animal (ver a continuación).

Los estudios que podrían ayudar a abordar la cuestión de la seguridad de los OMG para el medio ambiente incluyen aquellos en los que se expusieran insectos beneficiosos y no-objetivo a cultivos transgénicos insecticidas, investigaciones de la toxicidad ambiental de los herbicidas utilizados con cultivos transgénicos, y estudios de los efectos del cultivo de variedades transgénicas sobre la vida bacteriana del suelo, los insectos no-objetivo y el resto de la fauna silvestre.

Tan sólo una pequeña parte de los estudios citados en el informe Nicola y su lista complementaria de 1700 artículos trata de abordar estas cuestiones.

El resto de los estudios citados por el informe son sencillamente irrelevantes o tangenciales a la investigación sobre la seguridad de los cultivos y alimentos MG, y podrían clasificarse en las siguientes categorías (se adjuntan referencias a ejemplos de estudios incluidos en el informe y materiales suplementarios):

  1. Estudios sobre producción animal, a menudo realizados por empresas desarrolladoras de OMG sobre sus propios productos.[4 5] Estos no examinan en detalle los impactos sobre la salud del pienso MG, sino que se refieren a aspectos relacionados con la producción animal, de interés para la industria agroalimentaria, como el aumento de peso o la producción de leche.

Aunque estos estudios aporten información de utilidad para el sector agrícola sobre si un animal alimentado con OMG sobrevivirá hasta la edad de sacrificio y proporcionará un producto cárnico o lácteo aceptable, tienen a menudo un desarrollo a corto plazo en relación con el tiempo de vida natural del animal y no aportan información detallada sobre la salud de este.

Muchos de estos estudios se llevan a cabo en animales como vacas, pescado y pollo. Los aparatos digestivos y el metabolismo de estos animales difiere significativamente del de los humanos. Por tanto, es poco probable que estos estudios aporten información útil sobre los riesgos para la salud humana.

  1. Artículos de opinión y defensa del uso del concepto de equivalencia sustancial en el análisis de riesgos.[6 7 8]

Estos artículos no aportan datos originales, por lo que no añaden nada nuevo al debate sobre la seguridad. El concepto de equivalencia sustancial tiene su origen en la industria de los OMG y fue insertado en la regulación en materia de OMG en todo el mundo, fundamentalmente mediante los esfuerzos del Instituto Internacional de las Ciencias de la Vida, financiado por el sector. Sigue siendo un concepto controvertido, que ha sido criticado por muchos expertos e investigadores independientes. El informe Nicola omite estas críticas y por tanto afirma de forma falsa que existe un "consenso" sobre el uso de este concepto (más adelante se discutirá este tema en profundidad).

  1. Artículos de opinión y revisiones de estrategias de análisis y regulación relacionadas con los OMG.

Muchos de estos artículos están escritos por defensores de la ingeniería genética y promueven la visión de que los OMG son seguros y están regulados de forma adecuada[8 9] y/o sugieren estrategias de análisis de la seguridad que son favorables al sector de los OMG[10]. Mientras que la lista complementaria de Nicolia incluye artículos críticos con la regulación y estudios de los OMG,[11] las críticas planteadas por los autores de estos artículos no llegan a entrar en el texto del artículo de revisión de Nicolia. En cualquier caso, la respuesta científica a ambos lados de este debate es que las opiniones no son datos, y los artículos de esta categoría no aportan ningún dato.

  1. Estudios sobre cultivos MG experimentales que nunca han llegado a comercializarse.[12 13]

Algunos de estos estudios aportan información importante sobre la naturaleza imprecisa e impredecible de la ingeniería genética, dado que muestran diferencias inintencionadas entre el cultivo MG y el parental no-MG[13], o efectos tóxicos en animales expuestos al cultivo MG.[12] En cualquier caso, dado que cada evento de transformación es diferente, los datos aportados por estos trabajos no son útiles para estudiar la seguridad de los OMG ya presentes en nuestro suministro de alimentos y piensos.

Consideraciones sobre relevancia aparte, Nicolia y sus colaboradores no llegan a abordar las cuestiones relativas a seguridad que plantean dichos estudios.

  1. Estudios referentes a la percepción de los alimentos transgénicos entre los consumidores.[14]

Dichos estudios son de interés especial para quienes desean superar la resistencia del público a los OMG, pero no aportan datos nuevos y son por tanto irrelevantes para el estudio de la seguridad de los OMG.

En conclusión, las categorías anteriores de estudios citados por Nicoliano ofrecen datos sólidos que puedan ayudar a responder la importante cuestión de si los OMG comercializados o a punto de comercializarse son seguros.

2. Nicolia y sus colaboradores omiten en su lista, o en su debate, estudios importantes que sí encuentran riesgos y efectos tóxicos en los OMG.

Nicolia y sus colaboradores admiten en su artículo que "seleccionaron" los artículos para su inclusión, aunque no revelan sus criterios de selección. Muchos estudios relevantes simplemente se omiten de su lista de 1700 estudios. Otros se incluyen en la lista de 1700 estudios y/o en las referencias al artículo principal, pero los autores omiten sus resultados en el texto. Esto a pesar del hecho de que estos resultados son esenciales para cualquier discusión sobre seguridad de los OMG.[15 16 17 18 19 20 21 22]

En algunos casos, las omisiones se deben a su elección arbitraria del período de 10 años. Al elegir centrarse solamente en los últimos 10 años de investigación científica, los autores dejan fuera importantes estudios previos que encontraron efectos tóxicos en animales alimentados con cultivos MG, incluyendo a Ewen y Pusztai (1999)[23] y a Fares y El-Sayed (1998).[24] No hay ninguna razón científica defendible para excluir estos estudios.

Los lobbistas pro-OMG afirman a menudo en foros de internet que estos estudios han sido "desmontados". Pero los hallazgos empíricos de daños sólo se pueden contrarrestar replicando el estudio y obteniendo un resultado diferente. Nadie ha intentado replicar ninguno de los estudios que ha encontrado efectos tóxicos derivados de un alimento MG, con lo que los hallazgos recogidos en estos estudios siguen en pie.

Quienes afirman que estos estudios son "ciencia mala" y no merecen replicarse deberían clarificar sus criterios de "buenos" y "malos" estudios y aplicar esos criterios por igual a los estudios que concluyen que son perjudiciales y a los que concluyen que son seguros.

Desde la publicación de los primeros artículos excluidos del informe Nicolia, el sector de los OMG y sus aliados han ganado un control cada vez mayor sobre la investigación y publicación científica, haciendo cada vez más difícil que investigadores independientes puedan realizar y publicar estudios críticos con los OMG.[25 26] De este modo, al restringir su revisión a los estudios realizados después de 2002, Nicolia y su equipo sesgan sus hallazgos a favor de una falsa conclusión de seguridad de los OMG.

No hay una razón científica válida para excluir estos estudios críticos llevados a cabo a finales de los años 90 y principios de los 2000, dado además que muchos de ellos se centran en OMG cultivados hoy en día mucho más ampliamente que cuando se realizaron esos estudios. Por ejemplo, el área cultivada con variedades insecticidas Bt ha aumentado desde entonces.

Incluso en un clima hostil para la investigación crítica con los OMG, los investigadores independientes han conseguido publicar algunos artículos que informan de efectos tóxicos o alergénicos derivados de dietas con alimentos MG después de 2002. Nicolia y su equipo incluyen algunos de estos estudios en su lista de 1700, para después ignorar en el artículo los resultados que obtienen. Un ejemplo de esto sería el estudio multigeneracional que demostró que las ratas alimentadas con maíz transgénico Bt durante tres generaciones sufría daños en el hígado y los riñones y alteraciones en la bioquímica de la sangre.[21] Un estudio que mostraba efectos alergénicos provocados por guisantes transgénicos[27] se omite incluso en la lista complementaria.

Una omisión incluso más fragrante en la revisión de Nicolia y su equipo (aunque incluida en la lista complementaria) es la de la detallada investigación de la Profesora Manuela Malatesta, que detectó efectos tóxicos, incluyendo signos agudizados de envejecimiento en el hígado, en ratones alimentados con soja transgénica durante períodos de tiempo largos.[16 17 18 19 20]

Los experimentos de Malatesta suponen algunos de los pocos ensayos en animales a largo plazo sobre OMG comercializados. El papel esencial de su investigación se hizo claro en un informe emitido por la agencia de seguridad alimentaria francesa ANSES[28 29] sobre el estudio a largo plazo del profesor Gilles-Eric Séralini, el cual detectó efectos tóxicos en ratas alimentadas con un maíz transgénico con pequeñas cantidades del herbicida Roundup.[30]

Al igual que la EFSA europea, ANSES es el responsable en Francia sobre la emisión de opiniones en lo referente a la seguridad alimentaria de los OMG, incluido el maíz en el que Séralini halló problemas de toxicidad. En su informe, la ANSES criticó el estudio de Séralini (y por tanto validó su propio veredicto previo sobre la seguridad del maíz transgénico), pero aun así no se unió a la petición de más estudios a largo plazo sobre OMG.

ANSES realizó su propia búsqueda en la literatura existente de ensayos de alimentación comparables al de Séralini, que estudiasen los efectos a largo plazo de los OMG tolerantes a glifosato (el 80% de los OMG comercializados[31]). Sólo pudo encontrar dos estudios: el informe de Malatesta en 2009 en su investigación, que detectó efectos tóxicos,[19] y un estudio sólo disponible en japonés.[32] Con lo que, de los tres estudios a largo plazo sobre cultivos MG tolerantes a glifosato identificados por ANSES, dos demostraban que son tóxicos y los hallazgos del tercero no podían ser verificados por la comunidad científica internacional. ANSES concluyó que existía una "falta de estudios sobre los potenciales efectos de la exposición a largo plazo de varias formulaciones basadas en el glifosato" y un "número limitado de estudios que han abordado los efectos a largo plazo del consumo de OMG".[29]

El hecho de que incluso un organismo de regulación que estaba intentando desechar el estudio de Séralini reconociera la importancia del trabajo de Malatesta subraya la falta de justificación científica de la omisión, por parte de Nicolia y sus colaboradores, de la omisión de este estudio en su debate sobre la seguridad de los OMG.

Los autores del informe Nicolia llegan incluso a omitir de su lista complementaria un estudio que contradice directamente una de los argumentos principales en favor de la seguridad de los cultivos insecticidas Bt. Las autorizaciones de cultivos transgénicos Bt a nivel mundial se basan en la suposición de que la toxina Bt se degrada en el tracto digestivo de los mamíferos. Sin embargo, este estudio realizado por investigadores canadienses detectó toxinas Bt circulando en el torrente sanguíneo de mujeres embarazadas y no embarazadas, y en la sangre que llegaba a sus fetos.[33 34 35 36] Aunque este artículo no demostraba que la toxina Bt procediera de cultivos transgénicos, hay un elemento ineludible: la toxina Bt no se degrada en el tracto digestivo. Esto posiciona todas las autorizaciones de cultivos transgénicos Bt en un lugar cuestionable, ya que todas se han basado en la suposición de que las toxinas Bt se degradan en el tracto digestivo, una premisa claramente refutada por este artículo.

3. Nicolia y su equipo desechan pruebas empíricas de toxicidad asociada a alimentos transgénicos citando artículos de opinión no sometidos a revisión por pares.

El grupo del profesor Gilles-Eric Séralini en la Universidad de Caen (Francia) reanalizó los datos procedentes de los estudios de la industria. Detectaron signos de toxicidad en el hígado y riñones de ratas alimentadas con maíz transgénico Bt durante sólo 90 días.[37 38] Un estudio de seguimiento analizó estos descubrimientos - y las afirmaciones de las autoridades de que el maíz era seguro - utilizando el maíz transgénico NK603 y pequeñas cantidades de su herbicida asociado, Roundup, durante un período extendido de dos años. Este era el ensayo de alimentación en animales más detallado que se ha llevado a cabo con un alimento transgénico. El estudio (Séralini et al, 2012) observaba niveles dramáticamente elevados de daños al hígado y el riñón, y alteraciones hormonales en las ratas alimentadas con maíz transgénico NK603 y/o Roundup. Otras observaciones adicionales inesperadas fueron un aumento de la incidencia de tumores y muerte prematura en la mayoría de los grupos tratados.[30]

Después de una campaña de ataque concertada por lobbistas ligados al sector de los OMG,[39] el estudio fue retirado más de un año después de su publicación por la revista Food and Chemical Toxicology, por razones acientíficas que fueron condenadas por cientos de científicos en declaraciones públicas y artículos publicados.[40 41 42 43 44 45] En uno de los casos, un antiguo miembro del comité editorial de la revista escribió una carta al editor oponiéndose a la retirada.[46]

Aun así, en el momento en que se escribió la revisión de Nicolia, el artículo formaba parte de la literatura científica. A diferencia de muchos de los estudios incluidos en la revisión, ofrece datos empíricos poco abundantes sobre los efectos a largo plazo del consumo de alimentos MG. Incluso si se tomara un punto de vista extremadamente conservador respecto al estudio y los datos de Séralini y no se tuvieran en cuenta los datos sobre tumores y mortalidad debido al número relativamente bajo de animales utilizados (los estudios sobre cáncer requieren normalmente números mayores de animales), esto no aportaría ninguna razón para desechar los datos toxicológicos sobre el daño en los órganos y las alteraciones hormonales. Estos descubrimientos tienen una base sólida y son estadísticamente significativos.

La manera científicamente válida en la que Nicolia y su equipo podrían desafiar los resultados de Séralini sería citar otros estudios toxicológicos en los que el mismo OMG y su pesticida asociado le fueran suministrados a animales durante un período largo de tiempo y se demostrase que no causan los efectos tóxicos observados por el grupo de Séralini. Sin embargo, no existe ningún estudio de este tipo, dado que el estudio de Séralini fue el primero y único con este tipo de maíz transgénico.

De forma arrogante, los autores del informe omiten las conclusiones de este estudio pionero, así como los de otros estudios sobre toxicidad en OMG del equipo de Séralini,[37 38] calificándolos de "no significativos" - sin aportar una definición científicamente defendible de "significativo".

Por tanto basan sus conclusiones no en datos empíricos, argumentos científicos razonados, o artículos sometidos a revisión por pares, sino que sus únicas pruebas son cuatro artículos de opinión no revisados por pares.

De estos cuatro artículos, dos son opiniones de la Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria,[47 48] la agencia que había emitido previamente veredictos favorables en lo relativo a la seguridad de este mismo OMG,[49 50] conduciendo a su aprobación para consumo humano y animal en Europa. Al descartar los datos del grupo de Séralini, la EFSA estaba defendiendo su propia posición. Como dijo la ex-ministra de medio ambiente Corinne Lepage, el que la EFSA admitiera que el estudio tenía alguna validez habría sido equivalente a "cortar la rama en la que la agencia se ha sentado durante años".[51]

Además, muchos de los trabajadores y expertos de la EFSA tienen conflictos de interés con las mismas empresas que se supone debería regular. Esto ha sido señalado durante muchos años por Miembros del Parlamento Europeo[52 53] y el Tribunal de Cuentas Europeo,[54] así como organizaciones de la sociedad civil.[52] [53] El Parlamento Europeo llegó incluso a bloquear la aprobación del presupuesto de la EFSA para el ejercicio de 2010 debido a su preocupación por los conflictos de interés relacionados con la industria de sus expertos y su personal.[55]

En un intento de abordar esta crítica persistente, la EFSA instituyó una nueva política de independencia,[56] pero no parece que eso resolviese sus problemas. Un informe del Corporate Europe Observatory en 2013 concluía que más de la mitad de los expertos de la agencia que emiten opiniones sobre la seguridad de los OMG, contaminantes alimentarios y aditivos tenía conflictos de interés con empresas del sector.[57]

Por tanto, los artículos de opinión de la EFSA sobre el estudio de Séralini pueden descartarse, no sólo por no estar revisados por pares y carecer de pruebas empíricas que contradigan los datos de Séralini, sino porque la EFSA tiene conflictos de interés que le impiden considerar este asunto de forma imparcial.

El tercer artículo de opinión citado por el informe Nicolia para desacreditar los datos obtenidos por el grupo de Séralini es un artículo autopublicado de una página web sobre agrobiotecnología escrito por dos defensores de los OMG bastante conocidos, Wayne Parrott y Bruce Chassy.[58] Contiene imprecisiones en cuanto a los hechos y argumentos engañosos, incluida una afirmación de que los estudios del profesor Arpad Pusztai sobre patatas transgénicas "se saltaron" la revisión por pares, cuando de hecho pasaron un proceso de revisión por pares inusualmente restrictivo antes de ser publicados en The Lancet.[23]

Parrott y Chassy también sugieren que todos los estudios que han encontrado daños relacionados con los alimentos MG deben ser replicados por otros investigadores antes de poder ser tomados en serio. Pero no aplican el mismo criterio crítico a estudios que concluyen que los OMG son seguros, incluso en casos en los que esos estudios son llevados a cabo por las mismas empresas que esperan comercializarlos, y que por tanto están sujetas a un sesgo.[60]

Parrott y Chassy sostienen que deben ser investigadores financiados públicamente quienes demuestren que un OMG es perjudicial - unas pruebas que los métodos científicos actuales no pueden proveer. La ciencia no "demuestra": aporta pruebas que ayudan a la evolución del entendimiento científico sobre un tema. Las demandas interesadas por parte de Parrott y Chassy también contradicen las reglas establecidas en materia de bioseguridad sobre OMG en Europa, que establecen que debe ser la empresa que quiere comercializar el OMG quien pruebe su seguridad.[61 62] Incluso una regulación tan notoriamente débil en lo relacionado con la biotecnología como es la estadounidense establece que la responsabilidad en esta materia corresponde a quien desarrolle la tecnología.[63]

El cuarto artículo de opinión citado por Nicolia fue escrito por François Houllier, presidente del grupo de investigación francés INRA.[64] Houllier no ofrece un análisis científico riguroso que detalle por qué el trabajo de Séralini no merece ser considerado seriamente. Sí que hace referencia, de forma breve, a algunas de las críticas que se hacen comúnmente a este estudio, omitiendo que estas ya han sido consideradas por sus autores[65] y por muchos otros.[53 66 67 68 69 70 71 42 72]

De hecho, el artículo de Houllier no se centra en la metodología científica utilizada por Séralini, sino en su campaña mediática y en el efecto del activismo anti-OMG sobre su imagen pública, una línea de argumentación que no tiene nada que ver con la ciencia. Cabe señalar que, sin embargo, el artículo de Houllier concluye llamando a una mayor y mejor investigación sobre la seguridad de los cultivos transgénicos - una conclusión compartida por el equipo de Séralini y muchos otros científicos, en especial aquellos que no guardan relación con las grandes empresas.

Por tanto, los autores del informe Nicolia tratan de refutar la investigación original de Séralini, un estudio revisado por pares, sin ofrecer ningún tipo de evidencia científica que ponga en duda sus hallazgos. En lugar de esto, citan artículos de opinión no revisados por pares y que contienen afirmaciones imprecisas o visiones personales sin fundamento, pero que no aportan datos empíricos. Esta táctica no puede justificarse mediante los estándares científicos habituales, aunque lamentablemente se utiliza a menudo al intentar menospreciar artículos críticos para con los OMG.

4. Nicolia y su equipo citan como prueba de la seguridad de los OMG estudios de alimentación en animales demasiado cortos para mostrar efectos a largo plazo.

Los artículos más largos que se citan son estudios de 90 días en roedores, los cuales constituyen los ensayos toxicológicos más largos normalmente llevados a cabo por la industria.[73 74]Como demuestran los trabajos de Séralini y Malatesta, anteriormente citados, los estudios de 90 días resultan claramente insuficientes.

Los estudios a corto plazo son útiles para descartar toxicidades agudas, pero no aportan datos válidos respecto a la seguridad a largo plazo de los OMG. Los efectos que requieren tiempos más largos para aparecer, como el cáncer, daño orgánico severo, capacidad reproductiva comprometida, teratogenicidad o muerte prematura sólo pueden detectarse de forma fiable mediante estudios a largo plazo y multigeneracionales. Nicolia y su equipo parecen no ser conscientes de esta limitación de los estudios de 90 días.

5. Nicolia y su equipo ignoran el problema de la no equivalencia sustancial de los cultivos transgénicos, y afirman erróneamente que existe consenso en este aspecto, que continúa siendo indudablemente polémico.

La autorización de OMG a nivel global se basa en la suposición por parte del sector biotecnológico y las autoridades de que, si un OMG es sustancialmente equivalente a su pariente no-MG más cercano, no es necesario llevar a cabo un análisis riguroso de su seguridad. Para decidir que dos variedades son sustancialmente equivalentes, basta con medir su contenido en algunos componentes básicos como son las proteínas, carbohidratos o grasas.

Análisis más detallados que estos a menudo muestran que los cultivos MG no son sustancialmente equivalentes a su pariente no-MG, lo cuál revela que la suposición de la equivalencia sustancial es falsa. Aún así, Nicolia y su equipo pasan este asunto por alto completamente.

Debido al rango de datos que escogen, omiten un análisis de composición de Monsanto en 1996 que revela que (al contrario de lo que afirma este autor) la soja transgénica tolerante a glifosato de esta empresa no es sustancialmente equivalente al cultivo isogénico no transgénico con el que se la compara. Los niveles de inhibidor de tripsina, un importante alérgeno, eran significativamente mayores en la soja transgénica.[75]

Un estudio demasiado reciente para su inclusión en el informe Nicolia comparaba la composición nutricional de tres líneas de soja: transgénica, no transgénica cultivada en régimen convencional, y ecológica. El estudio concluía que la soja transgénica, que según la industria y las autoridades era sustancialmente equivalente a su comparador convencional, podía, con un 100% de precisión, diferenciarse de la soja convencional utilizando tan sólo 5 de los parámetros que se medían en el estudio. También se demostró que la soja transgénica contenía altos niveles de glifosato, a diferencia de las otras dos líneas (convencional y ecológica). Además, el perfil nutricional de la soja ecológica resultó ser superior,[76] aunque en el proceso de autorización de cultivos transgénicos no se realiza ninguna comparación con cultivos ecológicos.

Aunque Nicolia y su equipo no podrían haber incluido este estudio en su informe, no hay ninguna excusa para ignorar el principio de que cualquier afirmación científica de equivalencia debería tener en cuenta los residuos de glifosato, dado que la variedad transgénica está diseñada para ser cultivada utilizándolo.

Otro estudio revelador que sí que entraba en el rango de datos elegido por los autores, se incluye en la lista de 1700 estudios pero no se comenta en el informe. Esta investigación concluía que un maíz transgénico comercializado, el MON810, presentaba un perfil proteico marcadamente diferente respecto a su equivalente isogénico no transgénico, al cultivarse en las mismas condiciones.[77] Estas diferencias podrían dar lugar a una toxicidad o alergenicidad imprevistas. Otro estudio, que también se incluía en la lista de 1700 artículos pero fue ignorado en el informe, analizaba la composición de un cultivo transgénico y demostraba que no era sustancialmente equivalente a su línea isogénica no transgénica.

Además de ignorar datos referentes a la no equivalencia sustancial de líneas transgénicas respecto a sus comparadores convencionales, los autores del informe afirman de forma incorrecta que existe un "consenso" sobre la validez del concepto de equivalencia sustancial para la evaluación de riesgos. Para respaldar esta afirmación citan dos artículos[6 7] en los que participa Esther Kok,[6]miembro del Instituto Internacional para las Ciencias de la Vida (financiado por el sector de los OMG), y Harry Kuiper, que en aquel momento era el Presidente del Comité de OMG de la EFSA. Kuiper también había sido durante muchos años miembro de ILSI, incluso después de comenzar a trabajar en la EFSA.[79]

Esta elección de autores resulta problemática y sirve para ilustrar la falta de consenso en torno al concepto de equivalencia sustancial. La organización de investigación independiente Testbiotech documentó cómo Kok colaboró, vía Instituto Internacional de las Ciencias de la Vida (ILSI), con empresas del sector de los OMG y con Kuiper, de la EFSA. Juntos promovieron el concepto de equivalencia sustancial, favorable a la industria, y lo introdujeron en las regulaciones de la UE sobre OMG.[79] Testbiotech y la organización de la sociedad civil Corporate Europe Observatory afirman que esta colaboración podría haber violado las reglas de la UE sobre la independencia de la EFSA. Fue por esto que presentaron una queja ante el Defensor del Pueblo de la UE contra la EFSA sobre las reglas hechas a medida por el sector de los OMG que Kuiper podía estar introduciendo a través de la agencia.[80] Un miembro del Parlamento Europeo, Bart Staes, dirigió también una pregunta parlamentaria sobre este asunto a la Comisión Europea.[81]

El Defensor del Pueblo falló en contra de la queja de Testbiotech debido a un aspecto técnico, dado que se refería a eventos previos a que entraran en vigor las reglas actuales de la EFSA sobre conflictos de interés y que, por tanto, no había en aquel momento ninguna regla de la EFSA que incumplir.[82] Sin embargo, en este fallo el Defensor del Pueblo no tuvo en cuenta que la legislación de la UE en vigor desde 2002 sí que requiere que los expertos de la EFSA actúen de forma independiente.[83]

El concepto de equivalencia sustancial ha sido duramente criticado y puesto en duda por científicos independientes desde el primer momento, dado que nunca ha sido definido de forma científica o legal.[30 38 79 84 85 86 87 88] En la práctica, pueden existir diferencias sustanciales en un OMG respecto a su variedad equivalente no-MG, pero la empresa que desarrolla el OMG sigue declarando este como "equivalente" y las autoridades lo aceptan como tal.

Los autores del informe Nicolia admiten que la bibliografía referente a la equivalencia sustancial está compuesta fundamentalmente por artículos escritos por las propias empresas del sector de los OMG, pero no llegan a la conclusión obvia de que es este grupo de autores sesgados quienes, mediante su presencia mayoritaria en la literatura, han generado una falsa apariencia de consenso.

En 2013 la UE aprobó una regulación que establecía criterios de equivalencia para el análisis de composición de los OMG,[89] pero estos no se aplican a OMG ya aprobados, ni tan siquiera a los que se encuentran en vías de autorización. Según el biólogo Dr Frederic Jacquemart, presidente del grupo de la sociedad civil Inf'OGM y miembro del Alto Consejo Francés de Biotecnología, ninguno de los OMG ya aprobados en la UE o en vías de autorización cumplirían con los criterios de equivalencia.[90]

Los criterios establecidos por la legislación de la UE resultan aun así insuficientes, ya que no definen criterios de equivalencia en lo referente a estudios toxicológicos. Por tanto continuará dándose la situación actual, en la que a menudo se encuentran diferencias significativas en animales alimentados con OMG pero estas son descartadas por las empresas del sector y/o las autoridades por no resultar biológicamente significativas.[38 91]

La afirmación en el informe Nicolia de que existe un consenso respecto al concepto de equivalencia sustancial no coincide con los hechos. Este tema sigue y seguirá siendo objeto de polémica.

6. Los autores del informe Nicolia incluyen estudios de alimentación en animales financiados por la empresa que desarrolla el OMG, sin tener en cuenta el problema del sesgo relacionado con esta financiación.

Por ejemplo, entre la lista de 1700 artículos citados se encuentran los estudios de alimentación en ratas de Monsanto sobre sus productos con maíz transgénico, que concluían que estas variedades de maíz eran seguras.[73 74 92] Nicolia y sus colaboradores no comentan los datos obtenidos en estos estudios, sino que aceptan sin más las conclusiones de los científicos de Monsanto, que han demostrado ser controvertidas. Una repetición del análisis estadístico de los datos por parte de científicos no relacionados con el sector revelaba signos de toxicidad en hígado y riñones en las ratas alimentadas con maíz transgénico. [38 91 93]

El enfoque adoptado por los autores del informe, que tratan de forma indiscriminada una larga lista de estudios, contrasta claramente con la perspectiva de otras dos revisiones literarias publicadas. Estas evaluaban y se centraban en aquellos estudios que examinan específicamente la seguridad alimentaria y el valor nutricional de los alimentos MG basándose en los datos experimentales brutos. Estos dos estudios llegaron a conclusiones bastante diferentes a las que alcanzaron Nicolia y sus colaboradores en lo relativo a la seguridad de los alimentos MG.

La primera de estas revisiones, por parte de Domingo y su equipo (2011), se centraba en estudios de alimentación animal con OMG. Estos demostraron que los estudios que determinaban la seguridad de los OMG eran llevados a cabo fundamentalmente por investigadores afiliados a la empresa desarrolladora de OMG y que pretendía comercializarlo, mientras que los artículos que planteaban "preocupaciones en ocasiones muy serias" estaban escritos por científicos independientes del sector.[15]

Aunque en el informe Nicolia se cita este artículo, se olvidan de mencionar esta conclusión tan importante. En vez de esto, simplemente citan a Domingo cuando señala que el sector ha mejorado su "transparencia" al publicar los resultados de sus estudios de alimentación en animales en revistas revisadas por pares - una afirmación más bien secundaria en su evaluación de la seguridad alimentaria de los OMG.

La segunda revisión se refería a estudios referentes a los riesgos de los OMG para la salud humana y animal, y examinaba con más detalle el aspecto del sesgo relacionado con la financiación. Esta revisión confirmaba lo observado por Domingo y su equipo, ya que hallaba que los estudios escritos por autores que mantenían conflictos de interés financieros o profesionales con la industria de los OMG[60] guardaban una fuerte correlación con conclusiones de que el OMG evaluado era tan seguro y/o nutritivo como el equivalente no-MG con el que se le comparaba. Nicolia y sus colaboradores ignoraron esta revisión por completo, omitiéndola incluso en su lista de 1700 estudios.

7. El informe Nicolia no representa de forma adecuada los datos científicos disponibles y el debate referente a los microARN, lo que supone subestimar sus riesgos e incertidumbres.

En años recientes, un asunto que ha demostrado resultar tan controvertido como el de la equivalencia sustancial es el de la falta de evaluación por parte de las autoridades de los riesgos asociados a los microARN - pequeñas moléculas de ARN mensajero que regulan la expresión génica y pueden silenciar genes - en los OMG.

Un estudio (Zhang et al. 2011) concluía que los microARN vegetales sobrevivían al cocinado y degradación en el tracto digestivo, que podían detectarse en la sangre y tejidos de mamíferos que los hubieran consumido y que mantenían su actividad biológica en estos mamíferos, afectando a la expresión génica y el funcionamiento de importantes procesos en el organismo. Aunque no se refería a plantas MG, el estudio demostraba que los ácidos nucleicos procedentes de plantas podían estar ejerciendo un efecto fisiológico directo sobre humanos y animales que las consumían, cruzando no sólo las barreras entre especies, sino las barreras entre el reino vegetal y animal.

Nicolia y su equipo comentan el artículo de Zhang y otros artículos sobre el mismo tema, pero concluyen que el "ARN en general" tiene "un historial seguro de utilización", dado que es un componente habitual en la dieta. Sin embargo, este argumento no tiene en cuenta que quienes consumen ciertos OMG se ven expuestos a nuevos microARN.

Se están diseñando OMG que producen moléculas nuevas de microARN que nunca han estado presentes en el suministro de alimentos, por ejemplo moléculas que pueden matar insectos o silenciar genes. Es evidente que estas moléculas de ARN no tienen un "historial seguro de utilización".

La conclusión de Nicolia y su equipo sólo tiene en cuenta la composición química del ARN. No es sólo la estructura química en sí la que plantea nuevos riesgos o induce un efecto determinado, sino las instrucciones o la información que contiene esta molécula de ARN - en otras palabras, lo que puede hacer.

El Profesor Jack Heinemann, un biólogo molecular experto en los riesgos relativos a los microARN y autor de estudios revisados por pares sobre este tema,[95 96] comentó: "No existe ninguna base sobre la que extrapolar la seguridad de las moléculas de ARNdc [ARN de doble cadena, un tipo de microARN] a partir del historial seguro de utilización de moléculas de ARNdc en las células de los vegetales, animales, hongos o microorganismos que consumimos.

El aspecto clave es el siguiente: los efectos adversos que podrían surgir del uso de ARNdc vienen dados por la propia secuencia de nucleótidos de la molécula (riesgos asociados a la secuencia) y no por la composición química del ARN. Aunque también hay riesgos independientes de la secuencia, que no deberían ser ignorados, existe una diferencia entre la secuencia de moléculas de ARNdc procedentes de cultivos MG y los que se encuentran en la naturaleza, lo cual constituye el defecto principal de las argumentaciones que dicen que todos los ARNdc son seguros."[97]

Un estudio de 2011 escrito por Heinemann y sus colaboradores refuta el argumento del "historial seguro de utilización" utilizando el ejemplo del maíz MG de Monsanto diseñado para resistir al taladro del maíz. El taladro del maíz siempre ha comido raíces de maíz y las raíces del maíz contienen ARN, incluyendo moléculas de ARNdc. Sin embargo, cuando Monsanto introduce un nuevo ARNdc con una secuencia específica en las células de la planta, el taladro del maíz que consume ese ARN muere. El largo historial de utilización de maíz convencional como fuente de alimento por parte del taladro del maíz no le protege de los efectos tóxicos de este nuevo ARNdc.[95]

Heinemann y su equipo enfatizan que no se puede concluir que los microARN de una planta MG son igual de seguros que las moléculas de microARN que pueden estar presentes en cultivos no-MG que llevan consumiéndose muchos años.

Por ejemplo, el arroz tiene un largo historial seguro de utilización en la dieta humana. Si el arroz produjese un microARN tóxico, lo habríamos eliminado de nuestra dieta hace miles de años. Los autores comentan que la utilización segura de una planta convencional con microARN no se extiende a sus equivalentes MG, de la misma forma que consumir un animal con encefalopatía espongiforme no es igual de seguro que consumir un animal sano.[95] Químicamente no existe ninguna diferencia entre los dos animales, ya que el agente infeccioso (el prión, PrP) está compuesto por una proteína que se encuentra por igual en los dos. Lo que hace que un animal esté enfermo y el otro sano es la forma en que se pliega la proteína. Si se pliega de forma incorrecta, el animal estará infectado. La forma de una proteína determina su función - y la diferencia en su función determinará que el animal viva una vida sana o que muera prematuramente debido a la enfermedad.

Nicolia y sus colaboradores incluyen en su lista de 1700 artículos el estudio de Heinemann en 2011, que contiene el ejemplo del taladro del maíz,[95] pero ignoran sus conclusiones.

Incluso aunque los autores del informe Nicolia no se hubiesen leído el artículo, deberían ser conscientes de los riesgos de los cultivos MG diseñados para contener ciertas moléculas de ARNdc, ya que era un tema que había estallado en los medios ya en septiembre de 2012. El debate siguió a la publicación de un informe por parte de Heinemann y su equipo sobre los posibles riesgos para la salud de un trigo MG diseñado para producir moléculas de ARNdc, el cuál está siendo desarrollado por el centro de investigación australiano CSIRO.[98]

La preocupación pública que siguió fue tal que el Science Media Centre consideró necesario publicar declaraciones de distintos científicos que descartaban el informe de Heinemann.[99] Sin embargo, a diferencia de Heinemann, los declarantes nunca habían publicado artículos sobre los riesgos de los microARN en revistas científicas. También, según informaba GMWatch, mantenían conflictos de interés muy importantes y no declarados con el sector de los OMG.[100]

La conclusión de Nicolia de que las moléculas de microARN de las plantas MG tenían un "historial de uso seguro" no puede justificarse en vista de los datos actuales, y es difícil justificar mediante cualquier criterio objetivo el que no se abordara la controversia que existe en torno a este tema en el ámbito científico.

8. Los autores del informe Nicolia ignoran importantes hallazgos en relación con los problemas ambientales y agronómicos de los OMG.

Algunos impactos no considerados en el informe Nicolia incluyen los efectos tóxicos de los cultivos Bt sobre organismos no-objetivo, la dispersión de supermalezas resistentes a glifosato, la contaminación por transgenes de variedades nativas de plantas, y los efectos de la dispersión de cultivos tolerantes a glifosato sobre la mariposa monarca.

En la línea de otras áreas de su artículo, los autores del informe incluyen, en su lista de 1700 artículos, estudios que documentan los impactos adversos de los cultivos MG, a nivel tanto agronómico como ambiental,[31 101 102 103] para a continuación ignorarlos en su artículo de revisión. Mediante esta práctica, consiguen inflar el número de estudios que supuestamente respaldan la seguridad de los OMG, sin mencionar que, de hecho, estos artículos sí que documentan efectos adversos.

Algunos ejemplos serían los estudios que confirman la contaminación por transgenes de variedades de maíz nativas de México,[104 105] un asunto que suscita preocupación y debate incluso hoy en día, dado que México es el centro de origen para el maíz; y un estudio que concluye que la dispersión de cultivos resistentes a glifosato y el subsiguiente abuso de los herbicidas basados en glifosato ha intensificado la presión de selección, provocando la evolución de malas hierbas resistentes.[31]

Un artículo de 2012, altamente crítico con los cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas, no fue incluido ni siquiera en la lista de 1700 artículos. Este estudio concluía que “La gestión de la vegetación espontánea se ha centrado en una sola táctica - cultivos resistentes a herbicidas - pero es necesario hacer un mayor énfasis en la utilización de prácticas integradas que sean sostenibles a largo plazo". Los autores del estudio no se mostraban optimistas respecto a la respuesta del sector hacia la aparición de malezas resistentes - diseñar cultivos que resistan a múltiples herbicidas, dado que "es probable que los cultivos con resistencia combinada a herbicidas aumenten la gravedad del problema de las malas hierbas resistentes (...) estos cultivos promoverán un aumento significativo del uso de herbicidas, con consecuencias potencialmente negativas para la calidad ambiental." Los investigadores concluían que "El parche a corto plazo que suponen estos nuevos rasgos promoverá que continúe ignorándose la investigación y el asesoramiento públicos sobre gestión integrada de la vegetación espontánea."[106]

El trato que los autores del informe Nicolia dan a los efectos tóxicos de los cultivos Bt sobre organismos no-objetivo es un ejemplo extremo de información sesgada y engañosa. Afirman, "La literatura que aborda los efectos sobre la biodiversidad de especies no-objetivo (aves, serpientes, artrópodos no-objetivo, macro y microfauna del suelo) es amplia y muestra poca o ninguna evidencia de los efectos negativos de los cultivos modificados genéticamente."

Sin embargo, llegan a esta conclusión ignorando algunos artículos importantes y representando erróneamente los datos obtenidos en otros. Gracias al plazo de diez años elegido, pueden informar engañosamente sobre una controversia de gran importancia relacionada con los efectos de las toxinas Bt sobre organismos no-objetivo.

Esta controversia comenzó a mediados de los años 90, cuando los estudios de un equipo liderado por la Dra. Angelika Hilbeck mostraron que las toxinas Bt procedentes tanto de microorganismos como de plantas MG provocaban efectos letales sobre las larvas de la crisopa verde, un insecto beneficioso para los agricultores, al serle administrada directamente o mediante cebos utilizando un protocolo que aseguraba la ingestión.[107 108 109] Un estudio de 2009 llevado a cabo por un equipo diferente también dirigido por Hilbeck (Schmidt et al, 2009) concluía que las toxinas Bt provocaban un aumento de la mortalidad en las larvas de otro insecto beneficioso, la mariquita, incluso a las concentraciones más bajas.[101] Las mariquitas se alimentan de plagas como áfidos y hongos patógenos.

Basándose en este estudio y otros 30 más, en 2009 Alemania prohibió el cultivo del maíz Bt MON810 de Monsanto,[110] que contiene una de las toxinas Bt que el equipo de Hilbeck señalaba como perjudiciales.[101]

Nicolia y su equipo incluyeron el estudio de la mariquita de Hilbeck[101] en su lista de 1700 artículos, pero lo ignoraron en su artículo principal de revisión.

Para socavar las bases científicas de la prohibición del gobierno alemán y refutar los hallazgos de los equipos de Hilbeck, se llevaron a cabo varios estudios. Estos estudios afirmaban la seguridad de las toxinas Bt para las crisopas[111 112 113] y mariquitas.[114 115 116] Los autores del estudio experimental sobre mariquitas realizado como refutación (Álvarez-Alfageme et al, 2011) no hallaban efectos dañinos sobre las larvas de mariquita alimentadas con toxinas Bt, y concluían que los "efectos perjudiciales aparentes" hallados por Schmidt y su equipo se debían al "diseño y metodología deficiente del estudio".[114]

Nicolia y sus colaboradores incluyeron varios de estos estudios en su lista de los 1700. Sin embargo, no llegan a citar los estudios de seguimiento de Hilbeck y su equipo, que demostraban que eran las refutaciones las que estaban deficientemente diseñadas y ejecutadas. Hilbeck y su equipo demostraron que eran los cambios en los protocolos de análisis los que provocaban que no se hubieran encontrado los mismos resultados en ambos organismos no-objetivo, la crisopa verde y la mariquita.

En uno de los estudios de seguimiento, Hilbeck y su equipo demostraron que las crisopas del estudio utilizado para refutarles no eran capaces de ingerir la toxina Bt en la forma en la que los investigadores la estaban administrando, recubriendo huevas de polilla, ya que su aparato bucal tiene una configuración tal que la ingestión resultaba imposible.[110] Esto es equivalente a analizar los efectos secundarios de un medicamento administrado oralmente mediante su aplicación sobre la piel, asegurándose de que ninguno de los sujetos humanos llega realmente a tragarse el medicamento.

Durante años, las autoridades reguladoras de la UE y EEUU aceptaron estos estudios inadecuados como una prueba válida de la seguridad para los organismos no-objetivo, hasta que la EPA estadounidense admitió que la metodología del estudio no era adecuada para las crisopas. En otras palabras, este supuesto test de bioseguridad era incapaz de detectar efectos tóxicos, incluso cuando sí que tenían lugar. Sin embargo, la EPA no aceptó en retrospectiva los estudios que sí que habían asegurado una ingestión adecuada de la toxina Bt, ni reconsideraron su dictamen sobre seguridad para las crisopas. En vez de esto, la EPA prefirió seguir ignorando estos descubrimientos poco convenientes y simplemente sugirió que estas especies tan susceptibles se reemplazaran en futuros estudios por otro insecto. Hilbeck y su equipo ya habían demostrado que a este insecto no le afectaban las toxinas Bt. La EFSA de la Unión Europea, por su parte, no ha reconocido que estos tests de bioseguridad sean poco adecuados en ninguna de sus opiniones hasta la fecha.

Hilbeck y su equipo continuaron llevando a cabo experimentos[110 117] para analizar las afirmaciones de los autores del estudio que los refutaba en lo referente a las larvas de mariquita (Álvarez-Alfageme et al, 2011[114]). Una vez más, se demostró que los resultados de este estudio eran consecuencia de una metodología alterada e inadecuada. Álvarez-Alfageme sólo administraba a las larvas de mariquita la dosis de solución azucarada con toxina Bt una vez por cada período de 24 horas en cada uno de los cuatro estadíos larvarios, para después permitirles recuperarse ingiriendo alimentos normales. Schmidt, sin embargo, había expuesto a las larvas de forma continua durante 9-10 días[101] - un escenario diferente y más realista.

Hilbeck y su equipo replicaron la metodología de Álvarez-Alfageme - y hallaron que el agua de la solución azucarada mediante la cual se había administrado la toxina Bt se evaporaba completamente al cabo de unas pocas horas, lo que hacía improbable que las larvas del experimento de Álvarez-Alfageme hubiesen llegado incluso a ingerir la toxina Bt. Cuando Hilbeck y su equipo hicieron que la toxina Bt estuviera continuamente disponible en una forma accesible para las larvas de mariquita, se observó que se producía un efecto letal.

En un comentario sobre esta controversia, Hilbeck y su equipo criticaron el tono confrontativo, los elementos acientíficos y la "naturaleza previamente planificada" de los tres estudios que atacaban los hallazgos iniciales de Schmidt. Los autores señalaron que las "refutaciones dogmáticas" y los "contraestudios deliberados" que aparecen de forma rutinaria como respuesta a los datos revisados por pares sobre posibles daños de los OMG también habían estado presentes en el debate sobre los riesgos del tabaco, el amianto, el controvertido bisfenol A utilizado en el empaquetado de alimentos, y los teléfonos móviles.[110]

Hilbeck y su equipo también critican el "doble rasero" que condujo a la EFSA a aplicar un escrutinio excesivo a aquellos artículos que señalan los riesgos de los cultivos OMG, a la vez que se pasan por alto deficiencias obvias en los estudios que afirman su seguridad.[110]

Inexplicablemente, los autores del informe Nicolia omiten los dos estudios empíricos confirmatorios del equipo de Hilbeck[110 117] incluso en su lista de 1700 estudios, aunque entran dentro del rango de fechas escogido, ignorando por completo la demolición científica de las dos refutaciones por parte del equipo de Hilbeck.

En vez de esto, Nicolia y su equipo concluyen el debate sobre los efectos de los cultivos Bt en artrópodos no objetivo citando dos artículos con conclusiones favorables sobre la seguridad de los cultivos Bt. El primero, de Gatehouse et al. , admitía que "ocurren algunos efectos negativos en artrópodos depredadores y parasitoides tras la exposición a cultivos transgénicos y/o las proteínas insecticidas que estos expresan". Sin embargo, Gatehouse y sus colaboradores se convencieron a sí mismos de la conveniencia de los cultivos insecticidas transgénicos asumiendo que estaban sustituyendo a sistemas dependientes de insecticidas químicos: "Los relativamente pocos efectos negativos que se han registrado son de forma invariable sustancialmente menores que los que habían ocurrido durante un régimen convencional de aplicación de pesticidas".[118]

Gatehouse y su equipo no consideraron factores tan vitales como el número de agricultores que utilizan pocos o ningún pesticida de síntesis en los sistemas agroecológicos de control integrado de plagas; la alta variabilidad en el uso de pesticidas entre los años con poca o mucha presión de las plagas; la resistencia cada vez mayor de las plagas a los cultivos Bt y la emergencia de plagas secundarias, que obligan a los agricultores a recurrir de nuevo a los insecticidas químicos de síntesis; tampoco consideraban el uso rutinario de tratamientos insecticidas sobre las semillas incluso en semillas de cultivos Bt, pensadas para aquellas plagas que no pueden controlar las toxinas Bt.

Resulta decisivo señalar que Gatehouse y su equipo no citan ningún dato que compare directamente los impactos ecológicos del cultivo de variedades transgénicas Bt con los impactos de ningún régimen alternativo de control de plagas. Utilizan simplemente como comparador para los cultivos Bt un "régimen dependiente de pesticidas". Gatehouse y sus colaboradores no definen este régimen o analizan cómo de típico es en el contexto de las prácticas agrícolas habituales - una omisión seria, dado que a mediados de los 90, antes de la aparición del maíz insecticida Bt, menos de un tercio de todo el maíz estadounidense utilizaba algún tipo de insecticida.[119] Sobre la base de un "régimen dependiente de pesticidas" que no llega a definirse, Gatehouse y su equipo concluyen que los cultivos transgénicos Bt representan el menor de dos males.

Un meta-análisis de los estudios sobre los efectos de los cultivos Bt en invertebrados no-objetivo, que utilizaba como comparador parcelas sin aplicación de insecticida, llegó a una conclusión sobre los cultivos Bt diametralmente opuesta a la de Gatehouse. Este meta-análisis hallaba una reducción significativa de los invertebrados no-objetivo en los cultivos de maíz Bt que expresaban la proteína Cry1Ab en general, y para el maíz MON810 (el único maíz transgénico que se cultiva comercialmente en Europa), una reducción en comparación con parcelas sobre las que no se aplicaba ningún insecticida. Cuando se aplicaba insecticida sobre las parcelas sin transgénicos, se encontraba una abundancia mayor de invertebrados en el maíz Cry1Ab en general, pero no en el MON810. 120 Esto muestra que para los cultivos transgénicos en general y para el MON810 en particular, se puede llegar a conclusiones opuestas a partir de la misma base, según el comparador que se utilice.

Una lección que puede extraerse de este estudio es que la decisión de qué preguntas se abordan en la investigación científica no debería recaer únicamente en los científicos, y desde luego no debería recaer en las transnacionales biotecnológicas y agroquímicas. Este es un papel que le corresponde a la sociedad como conjunto, basándose en sus objetivos en cuanto a protección ambiental y producción de alimentos.

El segundo artículo citado por Nicolia y su equipo para descartar los efectos adversos de los cultivos Bt sobre artrópodos no-objetivo fue llevado a cabo por Shelton y publicado en 2009.[121]

Desgraciadamente para la credibilidad del informe Nicolia, Shelton y sus colaboradores dependían fuertemente de los estudios anteriormente expuestos, que utilizaban metodologías que Hilbeck y su equipo demostraron resultaban inadecuadas.[110] Al otorgar la última palabra sobre este tema a Shelton e ignorar los experimentos de seguimiento del equipo de Hilbeck, los autores del informe Nicolia representan de forma inadecuada el estado actual del conocimiento científico y la controversia que lo rodea.

9. Nicolia y sus colaboradores evitan el debate sobre la mariposa monarca

La mariposa monarca es contemplada como una especie indicadora importante respecto a la cual se miden los impactos de los cultivos transgénicos sobre el gran número de especies de insectos no-objetivo que viven en el entorno agrícola en el que se utilizan estos cultivos. Aun así, Nicolia y su equipo ignoran el debate científico sobre los efectos de los cultivos transgénicos en la mariposa monarca, que ha terminado mal para los defensores de los OMG.

Un estudio inicial en laboratorio llevado a cabo por Losey et al. en 1999, fuera del rango de fechas escogido por Nicolia, concluía que las larvas de mariposa monarca expuestas al polen del maíz Bt (Evento Bt11)sufrían tasas de mortalidad más altas que las larvas expuestas a polen no transgénico.[122] El estudio de Losey fue criticado por utilizar dosis supuestamente poco realistas de polen Bt, pero un estudio de seguimiento de Jesse y Obrycki (2000, también fuera del rango de fechas de Nicolia) que utilizaba dosis más realistas también hallaba efectos letales por parte del polen del maíz Bt176 y Bt11.[123]

Un equipo diferente de investigadores (Hellmich et al , 2001) realizó nuevos experimentos y concluyó que existía una inhibición significativa del crecimiento y un aumento de la mortalidad en larvas de mariposa monarca expuestas a dos de cuatro tipos de toxina Bt purificada (Cry1Ab y Cry1Ac). Sin embargo, el único polen de maíz Bt que afectaba negativamente a las larvas de mariposa monarca en todos los casos era el del maíz Bt176, una variedad que fue retirada del mercado por el sector de los OMG después de haber sido cultivada durante varios años. Los autores criticaron los hallazgos de Jesse y Obrycki alegando que el polen conque se alimentó a las larvas podía haberse contaminado con las anteras del maíz, ya que las anteras contienen concentraciones mucho más altas de toxina Bt que el polen. Los autores cuestionaban si las larvas de mariposa monarca en el campo se verían expuestas a anteras fracturadas o podían consumir anteras completas.[124]

Jesse y Obrycki realizaron experimentos adicionales, publicados en 2004, dentro del rango de fechas considerado en el informe Nicolia. Aun así, Nicolia dejó estos estudios fuera de su lista. Los estudios de seguimiento de Jesse y Obrycki hallaron una tendencia constante en el aumento de la mortalidad al exponer a las larvas de mariposa monarca al polen del maíz Bt y las anteras depositadas de forma natural sobre plantas de algodoncillo ( Asclepias sp. ) en una parcela. Los investigadores observaron que las larvas de mariposa monarca se alimentaban con anteras que habían quedado adheridas a las plantas de algodoncillo por la humedad de la lluvia y el rocío, confirmando que las larvas de mariposa monarca están expuestas a anteras. Los investigadores señalaron que "las anteras no suponen una contaminación experimental como sugieren Hellmich y sus co-autores (...) sino que representan una fuente potencial de toxina Bt que debe ser considerada". Por tanto, llegaron a la conclusión de que el aumento en la mortalidad de las larvas de mariposa monarca en los campos de maíz Bt debido a la deposición de anteras y polen transgénicos Bt sobre el algodoncillo "podría dañar a las poblaciones de mariposa monarca".[125]

Una revisión de la literatura científica sobre cultivos Bt y mariposa monarca (que tampoco fue incluido en la lista de Nicolia) concluía en relación al estudio de Jesse y Obrycki en 2004 que, aunque la tendencia observada no alcanzaba el nivel de confianza de p<0,05 aceptado normalmente en estudios sobre ecología, los resultados mostraban que "se necesitan estudios en campo durante varios años para cuantificar los posibles efectos del cultivo a gran escala de maíz Bt sobre la mariposa monarca, y que es importante examinar la mortalidad en la parcela resultante de la deposición de tejidos de maíz que incluyen polen y anteras."[126]

Un estudio sobre la exposición crónica (Dively et al ., 2004) incluido en la lista de Nicolia pero que no fue mencionado en su artículo de revisión, concluía que, entre las larvas de mariposa monarca expuestas al polen de las variedades de maíz Bt11 y MON810, la supervivencia hasta el estadío adulto era un 23,7% menor que entre las larvas expuestas a maíz no-Bt.

El debate sobre los efectos del polen del maíz Bt sobre la mariposa monarca debería haber llevado a Nicolia y sus colaboradores a concluir, al menos, que no existe un consenso sobre la seguridad de los cultivos Bt para los organismos no-objetivo, en lugar de afirmar, como hicieron que existe "poca o ninguna evidencia" de sus "efectos negativos".

El debate científico sobre si los cultivos Bt dañan o no a la mariposa monarca cambió de dirección en 2012-2013, tras la aparición de nuevos datos preocupantes. En este caso, los culpables no eran los cultivos Bt, sino el uso cada vez mayor de glifosato debido a la propagación de los cultivos transgénicos tolerantes a glifosato.

En primer lugar, el censo de mariposa monarca en el invierno de 2012-2013 mostraba que la población de mariposa monarca norteamericana que pasaba el invierno en México se encontraba en el nivel más bajo jamás medido, con un descenso del 59% respecto al año anterior. La causa de esta caída tan agudizada en la población fue señalada por el ecólogo de insectos y fundador del programa de conservación Monarc Watch, Orley R. "Chip" Taylor: la extensión de los cultivos transgénicos tolerantes a glifosato y el consecuente abuso de los herbicidas basados en glifosato. La aplicación de glifosato ha acabado con el algodoncillo, que es la fuente de alimento principal de la mariposa monarca.

En segundo lugar, la visión de Taylor fue confirmada por un estudio revisado por pares (Pleasants y Oberhauser, 2012) - no incluido en la lista de los 1700 de Nicolia. Este estudio hallaba un descenso del 58% del algodoncillo en el Medio-oeste estadounidense, y del 81% en la población de mariposa monarca en el Medio-Oeste de 1999 a 2010. Esta pérdida se produjo paralelamente a la extensión del cultivo de maíz y soja transgénicos tolerantes a glifosato, y el subsiguiente aumento del uso de glifosato para controlar las malas hierbas, incluido el algodoncillo. Pleasants y Oberhauser concluyen que la pérdida del algodoncillo de las parcelas agrícolas supone una contribución fundamental al descenso de la población de mariposa monarca.[129]

Hasta la fecha, nadie ha abordado la cuestión de qué efecto podrá tener la presencia de cultivos de rasgos combinados Bt y tolerantes a herbicidas en las pocas larvas de mariposa monarca que quedan en el Medio-Oeste. Estos cultivos, por ejemplo el maíz Smartstax, contienen unos niveles sin precedentes de varias toxinas Bt.

El informe de Nicolia y su equipo ni siquiera menciona la mariposa monarca. Sin embargo, su lista de 1700 estudios sí que contiene un artículo de 2002 sobre los cultivos Bt y la mariposa monarca, publicado por Gatehouse y sus colaboradores, que concluye que el cultivo comercial a gran escala de híbridos de maíz Bt no supone "un riesgo significativo" para las poblaciones de mariposa monarca.[131]

En resumen, Nicolia y su equipo han citado de forma selectiva la literatura relativa a los impactos sobre la mariposa monarca, y no han considerado los concluyentes hallazgos recientes sobre el impacto de los cultivos transgénicos tolerantes a glifosato.

10. Nicolia y su equipo no demuestran que exista un consenso sobre la seguridad de los OMG y ellos mismos admiten que existe un "debate intenso" al respecto.

Aunque su objetivo es, supuestamente, "capturar el consenso científico" sobre la seguridad de los OMG, Nicolia y su equipo, a diferencia de aquellos que citan el informe de Nicolia para defender a los OMG, no concluyen que exista consenso sobre el tema. En lugar de esto, señalan que existe "un debate intenso". Dada esta afirmación, resulta poco apropiado que los defensores de los OMG utilicen el informe Nicolia como prueba del consenso científico relativo a la seguridad de los OMG.

Sin embargo, Nicolia y su equipo también afirman "La investigación científica llevada a cabo hasta la fecha no ha detectado ningún daño significativo conectado directamente con la utilización de cultivos transgénicos." Al realizar esta declaración, están ignorando o descartando un compendio grande (y creciente) de artículos científicos revisados por pares, que incluyen artículos citados en su lista de 1700.

En 2013 cerca de 300 científicos internacionales firmaron un manifiesto conjunto declarando que "No existe consenso científico sobre la seguridad de los OMG" y que algunos estudios existentes "aportan razones serias para preocuparse".[132]

11. Nicolia y su equipo realizan afirmaciones no respaldadas

Por ejemplo, Nicolia y su equipo afirman que los cultivos MG podrían suponer una "herramienta importante" en la producción de alimentos sanos con una reducción de los impactos ambientales y los insumos, pero no ofrecen ninguna prueba que apoye esta afirmación.

También sostienen que el informe de la Comisión Europea, "Una década de investigación sobre los OMG financiada por la UE", concluía que las plantas MG no suponen un riesgo mayor que las plantas mejoradas de forma convencional. Sin embargo, el informe de la Comisión Europea contiene muy pocos datos que evalúen si los alimentos MG son o no son más seguros que los alimentos no-MG. Sí que se llevaron a cabo unos cuantos estudios de alimentación con animales, citados en el estudio, pero ninguno de ellos utilizaba cultivos transgénicos comerciales. De hecho, estos estudios hallaron problemas inesperados con los alimentos MG que analizaban (ver Capítulo 3 para una discusión en detalle).

Por tanto, las afirmaciones de que este informe demuestra que las plantas MG no suponen un riesgo mayor que los alimentos no-MG no se basan en pruebas, y contradicen los pocos datos toxicológicos que se reunieron en los estudios llevados a cabo bajo este programa de investigación.

Antecedentes históricos: La táctica de la "larga lista de estudios"

El informe Nicolia es el último de las varias largas listas similares de estudios recogidos por los defensores de los OMG y que intentan probar que los OMG son seguros. Al igual que en el informe Nicolia, sin embargo, estas listas de estudios no prueban la seguridad de los OMG, y de hecho aportan pruebas de daños reales o potenciales y omiten los hallazgos de daños.

Otra lista muy publicitada es la de la página web Biofortified.[133] Otra lista de más de 600 estudios reunidos por "la autoridad en OMG" David Tribe pretende "documentar la seguridad en general y la adecuación nutricional de los alimentos y forrajes MG."[134]

  • Un examen más detallado de la lista de Tribe revela:

  • La mayoría de los estudios que se citan no son estudios de seguridad sobre alimentos MG. En otras palabras, no examinan en detalle los efectos sobre la salud sobre animales alimentados con alimentos MG. Algunos son estudios de composición que comparan los niveles de ciertos macronutrientes, como grasas o proteínas, en un cultivo MG con los niveles en un cultivo no-MG. Otros son estudios de conversión de forraje que miden cómo de eficientemente puede el ganado convertir forraje en un producto alimentario, como carne o leche, en un corto período de tiempo.[135]

  • Algunos son estudios a corto plazo llevados a cabo por el propio sector, que no son lo suficientemente largos como para detectar efectos sobre la salud a largo plazo.[73]

  • Muchos de los estudios, al examinar los datos en sí, sí que muestran problemas relativos a los alimentos MG, como diferencias inesperadas en un alimento MG en comparación con su equivalente no-MG, y efectos dañinos en estudios de alimentación en animales.[38 23 24]

La lista de Biofortified presenta problemas similares. Como puede extraerse del análisis anterior, el informe Nicolia sigue el mismo patrón de uso poco sincero de investigaciones científicas para apoyar afirmaciones engañosas.

En el campo del lobbying pro-OMG, el informe Nicolia ha sustituido al informe Snell de 24 supuestos estudios de alimentación a largo plazo en animales que documentaban la seguridad y salubridad nutricional de los alimentos MG.[136] El informe Snell, sin embargo, sufre importantes carencias, que se exponen en detalle en el Capítulo 3.

Conclusión: 

La lista de 1700 artículos del informe Nicolia no demuestra que los alimentos y cultivos MG sean seguros y, de hecho, aporta evidencia de que algunos OMG no son seguros. La mayoría de artículos de la lista de los 1700 son irrelevantes o tangenciales a la hora de estudiar la seguridad de los alimentos y cultivos MG comercializados como aptos para la salud humana, la salud animal y el medio ambiente. Incluyen artículos de defensa y de opinión sobre la regulación de los OMG y el análisis de seguridad, estudios de producción animal de interés para el sector agrícola, y estudios sobre la percepción de los alimentos MG por parte del consumidor. Varios de los artículos demuestran que no existe un consenso científico sobre la seguridad, eficacia o atractivo de la ingeniería genética en la producción alimentaria.

Las afirmaciones de que la lista de estudios recopilados por el informe Nicolia demuestran la seguridad de los OMG confían en la suposición de que nadie va a tener tiempo de leerse los estudios que cita o darse cuenta de los que se omiten.

Dados los incentivos económicos que se encuentran en juego en el campo de la ingeniería genética, existe una tendencia comprensible entre los defensores de los OMG a inflar artificialmente las pruebas que pretenden demostrar que estos son seguros. Sin embargo, presentar de forma engañosa estudios científicos para alcanzar una conclusión no justificada por los datos resulta poco ético y será, a largo plazo, corrosivo para la confianza del público en la ciencia.

El debate basado en los datos es el alma de la ciencia y resulta enriquecedor para los científicos sinceros de ambos lados de un tema controvertido, dado que permite avanzar en la evolución del conocimiento científico. Sin embargo, no debería ser necesario malgastar tiempo y energía refutando afirmaciones engañosas que se hacen en la literatura científica y parecen estar pensadas para avanzar respecto a intereses distintos a los de la evolución del conocimiento científico.

Sólo hacen falta unas pocas palabras y un poco de esfuerzo para realizar una afirmación engañosa, pero se requieren muchas más palabras, tiempo y esfuerzo para contrarrestarla. Esto queda demostrado con este análisis que, aunque largo, está lejos de ser exhaustivo y trata tan sólo con algunas de las muchas afirmaciones engañosas y omisiones serias del informe de Nicolia y su equipo.

La presencia en la literatura científica de artículos como el informe Nicolia representa un fracaso del proceso de revisión por pares. Cada vez que los autores citaban un artículo concreto para justificar una afirmación o conclusión, los editores y revisores deberían haberles pedido que identificaran los datos empíricos relevantes (procedentes de análisis que usasen metodologías apropiadas) que la respaldaban, dando motivos para incluir esa cita.

De forma tradicional, este es el estándar de pruebas en las que se basa el debate científico. Cuando los editores y revisores aceptan menos que esto, el resultado es que entra en la literatura científica una publicación que no consigue cumplir con los estándares académicos mínimos aceptables.

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