Mito 3.1: los alimentos MG son seguros

Mito: Los alimentos MG son seguros

Realidad: Algunos estudios ponen en evidencia que los alimentos MG pueden resultar tóxicos, alergénicos o presentar cambios nutricionales no intencionados

El mito en unas líneas: 

Algunos estudios revisados por pares han revelado que los alimentos MG pueden tener efectos tóxicos y alergénicos y un valor nutricional alterado. Este tipo de efectos ha sido observado incluso en los estudios que la propia industria lleva a cabo para respaldar sus solicitudes de autorización de un producto. Una mayoría de los estudios de alimentación animal con OMG son ensayos a corto o medio plazo -demasiado breves para poner en evidencia posibles efectos a largo plazo (crónicos), como fallos de un órgano, cáncer o problemas reproductivos. Para verificar si los indicios de toxicidad observados habitualmente en los estudios de corta duración se transforman en trastornos graves, se requiere estudios a largo plazo o multi-generacionales. Pero este tipo de estudios no es exigido por las autoridades en ningún país del mundo. La industria y las autoridades reguladoras desestiman a menudo los resultados que indican toxicidad en los estudios de alimentación animal con OMG, afirmando que no son “biológicamente significativos” o "biológicamente relevantes”. Sin embargo, estos términos no han sido definidos adecuadamente en el contexto de los estudios de alimentación animal con OMG, y carecen de sentido científicamente.

Los efectos adversos de los alimentos MG pueden deberse a tres causas distintas:

  1. El proceso de transformación genética puede provocar efectos mutagénicos que pueden alterar o trastornar la estructura de los genes, perturbar los procesos reguladores genéticos o provocar efectos a otros niveles de la estructura y el funcionamiento biológicos. Estos efectos pueden dar lugar a cambios no intencionados de composición, incluyendo nuevas toxinas o alérgenos y/o alteraciones en el valor nutricional.

  2. El producto resultante de la modificación genética -la toxina Bt en los cultivos insecticidas MG, por ejemplo- puede ser tóxico o alergénico.

  3. Los cambios en las prácticas agrícolas asociados a la utilización de un OMG pueden dar lugar a un aumento de residuos tóxicos -por ejemplo, la utilización de variedades MG Roundup Ready (que toleran el Roundup) genera inevitablemente mayores niveles de contaminación de los cultivos por el herbicida Roundup.

La evidencia presentada al pie y en los capítulos 4 y 5 sugiere que ya están apareciendo problemas por estas tres causas.

Cambios de composición no intencionados

Se ha demostrado que la composición de las variedades MG es diferente de la de sus variedades homólogas (ver Mito 2.1) incluso cuando ambas se cultivan en condiciones similares, simultáneamente y en el mismo lugar. Esto significa que los cambios no se deben a factores ambientales, sino a la modificación genética.

La alteración del valor nutricional de un cultivo alimentario es preocupante por dos razones: primero, porque podría afectar directamente a la salud del animal o el ser humano que ingiere el alimento, al proporcionar una cantidad excesiva o deficiente de determinados nutrientes; y segundo, porque indica que el proceso de modificación genética ha alterado los procesos bioquímicos de la planta. Ello podría sugerir que se han producido otros cambios imprevistos no identificados todavía, como alteración de la toxicidad o del potencial alergénico del cultivo, pero que podrían afectar a la salud humana o animal.

Efectos tóxicos e indicios de toxicidad en estudios de alimentación con OMG en animales de laboratorio o de granjas

Algunos estudios de alimentación con animales de laboratorio o de granjas demuestran que los alimentos MG pueden ser tóxicos o alergénicos. En estos estudios se alimentó a un grupo de animales con una dieta basada en OMG y al grupo control con una dieta no-MG. Los estudios revelaron indicios de toxicidad o efectos tóxicos reales en los animales alimentados con OMG, lo que significa que los alimentos MG utilizados en el experimento eran más tóxicos o alergénicos que los no-MG.

Algunos de los resultados citados a continuación provienen de experimentos realizados por investigadores académicos independientes, y otros por empleados o por equipos contratados por la industria de los transgénicos.

Daños graves a órganos y aumento del índice de mortalidad y de presencia de tumores de gran tamaño

Ratas alimentadas durante dos años con el maíz transgénico NK603 modificado genéticamente para dotarle de tolerancia al herbicida Roundup, y con cantidades minúsculas de este herbicida, sufrieron daños graves en el hígado y los riñones, alteración del funcionamiento de la hipófisis y trastornos hormonales. Entre los resultados imprevistos adicionales cabe citar un incremento del índice de tumores palpables de gran tamaño y muerte prematura en algunos de los grupos tratados. [1]

Este estudio fue duramente atacado por el sector crítico pro-transgénicos, siendo retractado por la revista que lo había publicado más de un año después de haber sido editado tras su validación mediante revisión por pares. Su retractación, sin embargo, fue condenada por cientos de científicos de todo el mundo, por considerarla carente de validez. [2 3] Más adelante (Mito 3.2) analizaremos con mayor detalle este estudio y su retractación.

Alteraciones de la bioquímica en sangre, daños en varios órganos y posibles efectos sobre la fertilidad masculina.

En un estudio se observaron diferencias en el peso corporal y de algunos órganos, así como alteraciones de la bioquímica en sangre en ratas alimentadas durante 45 y 91 días con el maíz transgénico Bt MON810: Ajeeb YG (una variedad desarrollada por Monsanto para el mercado egipcio), comparado con ratas alimentadas con una variedad parental no transgénica cultivada al lado en las mismas condiciones. Los autores señalaban que los cambios podrían indicar “posibles efectos adversos para la salud/tóxicos” que sería necesario investigar más a fondo.[4]

El mismo equipo de investigadores realizó estudios histopatológicos que revelaron efectos tóxicos en múltiples órganos en ratas alimentadas con este maíz transgénico Bt durante 91 días. Entre los efectos observados cabe citar anomalías y degeneración grasa de las células hepáticas, congestión de los vasos sanguíneos en los riñones y crecimiento excesivo y necrosis (muerte) de las vellosidades intestinales. Un exámen de los testículos reveló necrosis y descamación (muda) de las espermatogonias, fundamentales para la producción de esperma y la fertilidad masculina.[5]

Lesiones estomacales y mortalidad no explicada

Ratas alimentadas con tomates MG durante 28 días desarrollaron lesiones estomacales (llagas o úlceras).[6 7] Las ratas alimentadas con transgénicos experimentaron una elevada mortalidad no explicada: de cada 40 ratas alimentadas con tomates MG, 7 murieron al cabo de dos semanas del inicio del experimento.[8] El tomate utilizado en este estudio, el denominado Flavr Savr de Calgene, fue el primer alimento transgénico comercializado. Dicho estudio, encargado por la propia Calgene, no fue sometido a revisión por pares ni llegó a publicarse, y salió a la luz pública únicamente a raíz de una demanda jurídica interpuesta por una organización de interés social, la Alliance for Bio-Integrity, contra la Administración de Alimentos y Fármacos (Food and Drug Administration, FDA) de EEUU.[9]

El director de la Office of Special Research Skills de la FDA concluía que los datos de Calgene distaban mucho de ser “una demostración de seguridad” o una “demostración de certeza razonable de la no existencia de daños”,[ 10] el estándar habitual esperado para los alimentos.

En un estudio de "repetición” realizado por Calgene se observaron lesiones en animales no alimentados con transgénicos, así como en los alimentados con productos MG. Sin embargo, dicho estudio no era realmente una repetición del anterior, sino que utilizó tomates preparados de forma diferente, lo que podría hacer variar los resultados, como señaló un patólogo de la FDA, Fred Hines. Hines concluía que Calgene no había proporcionado suficientes datos para justificar su afirmación de que las lesiones observadas en todos los experimentos eran “casuales” y no se debían al tomate MG.[6]

Estos estudios y sus implicaciones han sido analizados detalladamente en artículos revisados por pares del Dr. Arpad Pusztai, un destacado experto en estudios de alimentación animal, y sus compañeros de investigación. [8 11] Según Pusztai, “La conclusión de la FDA de que el tomate Flavr Savr no presentaba mayores riesgos para los consumidores que los tomates normales, no parece… sustentarse en buena ciencia ni en evidencias que superen un examen crítico”. [11]

Respuesta inmunitaria y reacciones alérgicas

Ratones alimentados con guisantes MG con una proteína insecticida (inhibidora de alfa-amilasa) procedente de una alubia presentaban una fuerte y prolongada respuesta inmunitaria contra la proteína transgénica. Los ratones desarrollaron anticuerpos a la proteína y una respuesta inflamatoria de tipo alérgico (reacción de hipersensibilidad retardada). Desarrollaron asimismo una respuesta inmunitaria a la clara de huevo de las gallinas. Los ratones no mostraron respuestas inflamatorias inmunitarias o de tipo alergénico a las alubias no transgénicas que contienen de forma natural la proteína insecticida, ni a la proteína de clara de huevo administrada junto con la proteína natural de las alubias, ni a la proteína de clara de huevo administrada por si sola.[12]

Los resultados pusieron de manifiesto que la proteína MG insecticida actuaba como sensibilizador, haciendo a los ratones susceptibles de desarrollar una respuesta inmunitaria y alergias a alimentos que normalmente no son alergénicos. [12] Este fenómeno se denomina activación inmunológica cruzada.

El hecho de que las alubias que contienen de forma natural la proteína insecticida no provocasen los efectos observados en los guisantes que producían la proteína insecticida transgénica, indicaba que las respuestas inmunitarias de los ratones a los guisantes MG eran provocadas por cambios originados por el proceso de ingeniería genética. Es decir, el proceso de modificación genética alteraba la proteína insecticida de manera que ésta actuaba de distinta forma en los guisantes MG y en la proteína natural producida por las alubias no modificadas genéticamente (no-MG), y la proteína alterada de los guisantes MG inducía en los ratones una respuesta inmunitaria muy potente.[12]

T. J. Higgins, uno de los investigadores del primer estudio, participó posteriormente en un segundo trabajo [13] que afirma [14 15] haber resuelto las preocupantes cuestiones planteadas por el primero. [12]

Pero esta afirmación no se sustenta, dado que los estudios aplicaron una metodología extraordinariamente diferente para evaluar las respuestas inmunitarias. En el primero de ellos (Prescott et al., 2005), se alimentó a los ratones por vía intragástrica (al estómago), lo que se aproximaría a la exposición dietética experimentada por una persona, y posteriormente se les sometió a pruebas alergénicas.[12]

En el segundo (Lee et al., 2013), las proteínas transgénicas y no transgénicas fueron primeramente inyectadas en el abdomen de los ratones (inmunización intraperitoneal) o introducidas en sus fosas nasales (inmunización intranasal). Tras este proceso, los ratones fueron alimentados por vía intragástrica con guisantes MG y alubias no-MG que contenían las proteínas ensayadas. A continuación se realizaron pruebas alergénicas a los ratones, en las que tanto los guisantes MG como las alubias no-MG resultaron alergénicas.[13]

Sin embargo, las reacciones alérgicas a las proteínas transgénicas y no transgénicas ensayadas no son sorprendentes, puesto que los ratones ya habían sido pre-sensibilizados inmunológicamente hacia estos productos por los procedimientos de inmunización intraperitoneal e intranasal llevados a cabo antes de serles administrados por via intragástrica.

Por tanto, el segundo estudio (Lee et al. 2013) [13] no contradice ni refuta en modo alguno el potencial alergénico de la proteína de los guisantes MG observado en el primer estudio. Lo que pone en evidencia este segundo estudio (Lee et al., 2013) [13], es que es posible inducir una respuesta alergénica tanto a los guisantes MG como a las alubias no-MG pre-inmunizando a los ratones a las proteínas de manera muy distinta a la forma habitual en que un animal o un ser humano está expuesto a un alimento.

Trastornos inmunitarios

Ratones jóvenes y viejos alimentados con maíz transgénico Bt durante 30 y 90 días respectivamente presentaban una alteración notable de las células del sistema inmunitario y de la actividad bioquímica. Se observó también un aumento de las citocinas séricas (moléculas proteícas que intervienen en la respuesta inmunitaria), un efecto asociado a respuestas alergénicas e inflamatorias, tras la alimentación con maíz Bt. [16]

En un estudio de ratas alimentadas con arroz transgénico Bt durante 28 y 90 días se observó una respuesta inmunitaria específica al Bt en el grupo control alimentado con arroz no-MG, así como en los grupos alimentados con el mismo producto MG. Los investigadores concluían que la respuesta inmunitaria de los animales del grupo control se debía a la inhalación de partículas del pienso pulverizado que contenía la toxina Bt consumido por el grupo alimentado con transgénicos. [17] Recomendaban que en futuros estudios sobre cultivos Bt se mantuviese separado al grupo control del alimentado con transgénicos.

Esto indica que los animales pueden ser sensibles a cantidades pequeñas de proteínas MG, de manera que incluso unos niveles bajos de contaminación de los cultivos convencionales por OMG podrían ser dañinos para la salud.

Aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y trastornos inmunitarios

Se observó un aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y del número de glóbulos blancos, así como un descenso importante del porcentaje de linfocitos T en el bazo y ganglios linfáticos, y de linfocitos B en los ganglios linfáticos y sangre, en ratones alimentados durante cinco generaciones consecutivas con triticale (cereal híbrido de trigo y centeno) MG tolerante a un herbicida, comparados con un grupo control alimentado con triticale no-MG.[18] Los linfocitos T y B son glóbulos blancos que intervienen en los procesos inmunitarios.

Trastornos en el funcionamiento del hígado, pancreas y testículos

Ratones alimentados con soja MG presentaban trastornos en el funcionamiento del hígado, pancreas y testículos. Los investigadores observaron núcleos y nucléolos (estructuras dentro del núcleo) formados de manera anormal en las células hepáticas, lo que indica un incremento del metabolismo y posiblemente alteraciones en los patrones de expresión de los genes.[19,20,21]

Envejecimiento del hígado

Se observaron cambios en la expresión de proteínas relacionadas con el metabolismo, respuesta a situaciones de estrés y señalización del calcio en hepatocitos (células del hígado), indicando indicios más acusados de envejecimiento del hígado, en ratones alimentados con soja MG durante un periodo prolongado (24 meses), comparado con el grupo control alimentado con soja no-MG.[22]

Alteraciones del funcionamiento enzimático en los riñones y corazón

Se observaron alteraciones del funcionamiento enzimático en los riñones y el corazón de conejos alimentados con soja MG.[23]

Aumento de la densidad del revestimiento uterino

Se observaron cambios significativos en el útero y los ovarios de hembras de rata alimentadas con soja MG durante 15 meses, comparado con ratas alimentadas con soja no-MG o con una dieta sin soja. El número de cuerpos lúteos, estructuras que segregan hormonas sexuales y que intervienen en el establecimiento y mantenimiento de un embarazo, aumentó únicamente en las ratas alimentadas con soja MG, comparado con las alimentadas con soja ecológica o que no fueron alimentadas con soja. La densidad del epitelio (revestimiento del útero) era mayor en el grupo alimentado con soja MG que en los demás grupos, indicando la existencia de un número de células mayor de lo normal.

Se observaron ciertos efectos en el sistema reproductivo de las hembras alimentadas con soja ecológica y con soja MG comparado con la dieta sin soja, lo que llevó a los autores a concluir que era necesario investigar también más a fondo los efectos de las dietas basadas en soja (tanto MG como no-MG) sobre la salud reproductiva.[24]

Inflamación estomacal grave y utero más pesado

En un estudio de alimentación de cerdos con una dieta mixta que contenía soja y maíz MG durante una vida media comercial de 22,7 semanas, se observó que los cerdos alimentados con transgénicos padecían inflamación estomacal más grave y un útero un 25% más pesado que los cerdos alimentados con una dieta equivalente no transgénica, lo que podría indicar una patología.[25] La proporción de cerdos alimentados con transgénicos con inflamación estomacal grave era también mayor: un 32% de estos cerdos, comparado con un 12% de los alimentados con una dieta equivalente sin transgénicos. La inflamación estomacal grave empeoraba en un 4,0 en los machos alimentados con transgénicosen comparación con los machos sometidos a una dieta sin transgénicos, y en un 2,2 en las hembras alimentadas con transgénicos comparado con las sometidas a una dieta sin transgénicos.

Los defensores de los OMG aseguraban que los cerdos que no consumieron transgénicos padecían más casos de inflamación leve y moderada que los alimentados con este tipo de producto, por lo que la dieta MG tenía un efecto protector.[26] Sin embargo, esta afirmación se viene abajo cuando se tiene en cuenta que muchos de los cerdos alimentados con transgénicos pasaron de las categorías de inflamación “leve” y “moderada” a la de “grave”, disminuyendo así el número de animales en las categorías “leve” y “moderada”.

Según la agencia reguladora de OMG para Australia y Nueva Zelanda (FSANZA): “Los autores no aportan pruebas convincentes de la presencia de inflamación estomacal. Tal y como se presentan, los datos estomacales no respaldan la interpretación y conclusiones de los autores porque... la presencia de "inflamación" fue determinada únicamente por el aspecto visual (enrojecimiento), sin efectuar confirmación microscópica (histológica) alguna. Este método no se considera fiable para determinar la presencia de una verdadera inflamación, puesto que depende exclusivamente del color del tejido, que puede variar por numerosas razones."[27]

La Dra. Judy Carman, investigadora principal del estudio, replicó: “La FSANZ sugiere que el enrojecimiento puede no deberse a un proceso inflamatorio, pero no sugiere qué otros motivos han podido causarlo.

Además, el veterinario que evaluó la inflamación estomacal de nuestros cerdos tiene muchos años de formación y experiencia con cerdos y otros animales, incluyendo años de experiencia evaluando procesos de inflamación en estos animales. No nos consta en cambio que la FSANZ disponga de personal con formación y experiencia en la evaluación de procesos inflamatorios estomacales en cerdos. De hecho, no tenemos conocimiento de que la FSANZ disponga en absoluto de personal con algún tipo de experiencia clínica, bien sea como doctor en medicina o en veterinaria. En consecuencia, la FSANZ está haciendo comentarios que exceden con mucho su ámbito de competencia.

Básicamente, la FSANZ está diciendo que un veterinario (o doctor) no puede determinar si un animal (o una persona) padece una inflamación de un tejido, como un pie o un ojo o cualquier otro órgano, sin tomar una muestra del tejido afectado y enviarlo a un laboratorio para hacer una prueba histológica. Esto es absurdo.

Además, aunque la FSANZ reclama pruebas histológicas para este estudio de alimentación, no las solicita para los estudios de alimentación realizados por la industria biotecnológica. De hecho, la FSANZ no exige que se lleve a cabo ningún estudio de alimentación en ningún cultivo MG antes de someter a evaluación la seguridad de dicho cultivo para consumo alimentario.”[28]

Toxicidad en el hígado y los riñones

Los resultados de una revisión de 19 estudios (incluyendo los estudios realizados por la propia industria y remitidos a las autoridades reguladoras para respaldar las solicitudes de comercialización de cultivos MG) de mamíferos alimentados con variedades de soja y de maíz MG que se encuentran ya en la cadena alimentaria humana y animal, revelaron indicios consistentes de toxicidad en el hígado y los riñones. Este tipo de efectos puede indicar el inicio de una enfermedad crónica, pero serían necesarios estudios a más largo plazo para poder evaluarlo más concienzudamente. Las autoridades no requieren este tipo de estudios de alimentación para los OMG en ningún lugar del mundo. [29]

En un estudio aparte, el mismo equipo de investigación dirigido por el profesor Gilles-Eric Séralini en la Universidad de Caen (Francia) re-analizó los datos del estudio de alimentación de ratas realizado por la propia Monsanto y presentado para respaldar su solicitud de autorización para comercializar en Europa tres tipos de maíz transgénico Bt: el MON863, el MON810 y el NK603. El equipo de Seralini concluyó que la ingesta de dichos maíces provocaba indicios de toxicidad en el hígado y los riñones. Afirmaba asimismo que si bien los resultados podrían deberse a los pesticidas asociados a cada uno de los tipos de maíz, no podía descartarse que la causa fuese el proceso de ingeniería genética. [30] Los datos sugerían que debiera revocarse la autorización de estos tipos de maíz transgénico porque no eran sustancialmente equivalentes al maíz no-MG y podrían resultar tóxicos.

En vista de estos resultados, el equipo de Seralini decidió replicar el estudio de Monsanto sobre el maíz NK603, prolongando su duración. [31] Si bien Monsanto dió por concluido el ensayo tras solo 90 días, el experimento de Seralini duró dos años. [1]Los resultados se describen en el Mito 3.2.

Alteración de los niveles de lípidos en sangre e indicios de toxicidad en el hígado y los riñones

En ratas alimentadas con el maíz Bt MON863, que produce un insectida, se observó un índice de crecimiento distinto y niveles más altos de ciertas grasas (triglicéridos) en sangre comparado con las ratas alimentadas con una dieta control. También presentaban cambios en el funcionamiento del hígado y los riñones, que podrían ser indicadores tempranos de enfermedad. Este estudio re-analizaba los resultados del ensayo de Monsanto con ratas alimentadas con su propio maíz transgénico. Los autores del nuevo análisis afirmaban que dichos resultados no permitían concluir que el MON863 fuera seguro, y añadían que era necesario realizar estudios a largo plazo para investigar las consecuencias de estos efectos.[32]

Efectos tóxicos en el hígado y los riñones y alteraciones de la bioquímica en sangre

Ratas alimentadas con maíz transgénico Bt presentaban daños en el hígado y los riñones y alteraciones de la bioquímica en sangre. [33]

Efectos tóxicos en el hígado y los riñones y alteraciones de la bioquímica en sangre

 

Ratas alimentadas con maíz transgénico Bt presentaban daños en el hígado y los riñones y alteraciones de la bioquímica en sangre. 33

Aumento del tamaño del hígado

Ratas alimentadas con una colza MG de Monsanto durante cuatro semanas presentaban un aumento del hígado que con frecuencia constituye un síntoma de toxicidad. La FDA estadounidense permitió a Monsanto realizar otro experimento, esta vez comparando la colza MG con un abanico de seis variedades distintas de colza, ampliando así el rango de las variaciones y enmascarando cualquier efecto de la alimentación con colza MG. Ello permitió a Monsanto concluir que esta colza era tan segura como las demás variedades de colza. [34]

Trastornos en el sistema digestivo y cambios en el hígado y en el pancreas

Ovejas alimentadas con maíz transgénico Bt durante tres generaciones presentaban trastornos del funcionamiento del sistema digestivo, mientras que en sus corderos se observaron alteraciones celulares en el hígado y en el páncreas. [35]

Crecimiento excesivo del revestimiento del aparato digestivo

Ratas alimentadas con patatas MG durante tan solo diez días presentaban un crecimiento excesivo del revestimiento del aparato digestivo similar a un estado pre-cancerígeno, así como efectos tóxicos en multitud de órganos. [36, 37]

Anomalías intestinales

Ratones alimentados durante dos semanas con una dieta de patatas transgénicas Bt o con patatas no transgénicas espolvoreadas con la proteína natural Bt procedente de bacterias presentaban anomalías en las células y estructuras del intestino delgado, comparado con un grupo control de ratones alimentados con patatas no transgénicas. Dichas anomalías era más acusadas en el grupo al que se administró la toxina Bt. [38]

Este estudio pone en evidencia que las patatas transgénicas Bt provocaron daños leves en el intestino. Demuestra también que la toxina Bt no se descompone en la digestión tornándose inofensiva, como afirman los defensores de la ingeniería genética, sino que sobrevive en una forma funcionalmente activa en el intestino delgado, pudiendo ocasionar daños a este órgano.[38]

Alteraciones de la bioquímica en sangre y bacterias gastrointestinales, y respuesta inmunitaria

Se observó un incremento del consumo de agua en ratas alimentadas con arroz MG durante 90 días, comparado con el grupo control alimentado con una línea isogénica (genéticamente igual, a excepción de la modificación genética) de arroz no-MG. Las ratas alimentadas con arroz MG presentaban diferencias en la bioquímica en sangre y en las bacterias gastrintestinales, así como una respuesta inmunitaria. El peso de algunos órganos de ratas hembras alimentadas con arroz MG era diferente del de las alimentadas con arroz no-MG. Los autores afirmaban que ninguna de las diferencias era “adversa”, pero no definían el significado de este término. Incluso si lo hubieran definido, la única forma de determinar si dichos cambios son adversos hubiera sido prolongar la duración del estudio, algo que no se hizo. Los autores reconocían sin embargo que el estudio “no nos ha permitido concluir que los alimentos MG son seguros”.[39]

Alteración de las bacterias gastrointestinales y del peso de algunos órganos

Ratas alimentadas con arroz transgénico Bt durante 90 días presentaban diferencias significativas comparado con el grupo control alimentado con una línea isogénica de arroz no transgénico. El grupo alimentado con arroz MG tenía niveles un 23% más altos de bacterias coliformes en su sistema digestivo, y entre ambos grupos se observaron diferencias de peso en algunos órganos, concretamente en las glándulas suprarrenales, los testículos y el útero. [40]

Utilización menos eficiente de la alimentación animal y trastornos digestivos

Un estudio en el que se alimentó a salmones con el maíz transgénico Bt MON810 reveló una utilización menos eficiente del pienso, con descenso de su capacidad para digerir proteínas y minerales, comparado con salmón alimentado con maíz no transgénico. Se observó también una respuesta inmunitaria localizada en los intestinos de los peces alimentados con pienso transgénico. Los análisis fueron realizados a los 33 y 97 días de alimentación. [41]

Los estudios con peces no se consideran relevantes para evaluar los riesgos para la salud humana, dado que tienen un metabolismo y un sistema digestivo muy diferente. Sin embargo, los defensores de la ingeniería genética utilizan estudios realizados con peces para afirmar que los alimentos MG son tan seguros y nutritivos para el ser humano y los animales como productos equivalentes no-MG. [42] Aplicando esta norma, sería aceptable citar un estudio de peces como indicador de riesgo.

Enmascarar el significado estadístico aplicando el concepto de "relevancia biológica"

Los resultados de algunos estudios como los descritos arriba han hecho que a los defensores de la ingeniería genética cada vez les resulte más difícil asegurar que no existen diferencias entre los efectos de los alimentos MG y productos equivalente no-MG. Resulta evidente que sí las hay.

Para sortear este problema, los defensores de la ingeniería genética han cambiado de argumento, afirmando que algunos efectos significativos a nivel estadístico no son “biológicamente relevantes”.

El concepto de ausencia de relevancia biológica ha sido promovido enérgicamente por una organización financiada por la industria, el International Life Sciences Institute (ILSI), y sus filiales, para oponerse a las restricciones reguladoras de los productos químicos tóxicos. [43] Pero está siendo invocado crecientemente por autores que defienden la seguridad de los cultivos MG 42 para argumentar que los efectos estadísticamente significativos observados en animales alimentados con este tipo de productos carecen de importancia.

Sin embargo, este argumento es indefensible científicamente. La relevancia biológica de los cambios originados por los alimentos MG nunca ha sido definida adecuadamente.

Una mayoría de los estudios de alimentación de productos MG, incluyendo los realizados por la industria para respaldar sus solicitudes de autorización para comercializar cultivos transgénicos, son estudios a corto o medio plazo de 30-90 días, no a largo plazo. Estos ensayos son demasiado cortos para permitir determinar si los cambios observados en animales alimentados con una dieta MG son biológicamente relevantes o no lo son.

Para poder determinar si los cambios observados en estos estudios a corto y medio plazo son biológicamente relevantes, los investigadores tendrían que:

  1. Definir de antemano qué significa “relevancia biológica” en lo que respecta a efectos observados cuando se ingieren alimentos procedentes de cultivos MG.

  2. Prolongar la duración de los estudios, de corto y medio plazo a un plazo largo. En el caso de ensayos con roedores, esto supondría dos años, abarcando así la mayor parte de su vida. [29]

  3. Examinar detenidamente los animales para ver cómo evolucionan los cambios observados en los estudios realizados a corto y medio plazo -por ejemplo, pueden desaparecer o conducir al desarrollo de enfermedades o una muerte prematura.

  4. Analizar la relevancia biológica de los cambios a la luz de la definición del término por los investigadores.

  5. Llevar a cabo estudios adicionales reproductivos y multigeneracionales para determinar los efectos sobre la fertilidad y sobre las generaciones futuras.

Dado que estos pasos no se han seguido en aquellos casos en que se han desestimado efectos estadísticamente significativos aduciendo que eran "biológicamente irrelevantes", las garantías de seguridad de los alimentos MG fundamentadas en esta línea arugmental carecen de fundamento.

En paralelo a la aseveración de falta de “relevancia biológica”, ha aumentado la tendencia a asegurar que los efectos estadísticamente significativos de una alimentación MG en los animales sometidos a ensayos de laboratorio no son “adversos”. [39] Una vez más, no obstante, el término "adverso” no se define y no se prolongan los experimentos para comprobar si los cambios observados constituyen los primeros indicios de una enfermedad. De manera que este término carece de sentido técnicamente.

Los defensores de la ingeniería genética deberían de dejar de intentar enmascarar las evidencias de efectos estadísticamente significativos de los cultivos MG mediante conceptos definidos deficientemente o indefendibles científicamente.

La utilización incorrecta del concepto de “relevancia biológica” representa un riesgo para la salud pública: el estudio del maíz MG de Monsanto

Un equipo dirigido por el profesor Gilles-Eric Séralini publicó en 2007 un nuevo análisis del estudio de alimentación de ratas llevado a cabo por Monsanto con una de sus variedades de maíz MG.

La comercialización de este maíz, denominado MON863, con destino a piensos y a alimentación humana, fue aprobada en Europa en 2005-2006. [44] El estudio de Monsanto había sido utilizado para obtener la autorización preceptiva de liberación del producto, pero ni científicos independientes ni el público habían podido analizar los datos primarios del estudio, que no habían sido revelados, acogiéndose la empresa a una supuesta “confidencialidad comercial”. El análisis de Seralini y su equipo solo pudo llevarse a cabo tras una demanda presentada en los tribunales alemanes que obligó a Monsanto a hacer públicos estos datos. [32]

El equipo de Seralini descubrió que, según los datos de la propia Monsanto, las ratas alimentadas con maíz MG durante un periodo de más de 90 días presentaban indicios de toxicidad en el hígado y los riñones. Además, las ratas alimentadas con maíz MG presentaban diferencias de peso estadísticamente significativas comparadas con las alimentadas con dietas control de maíz no-MG. Las hembras alimentadas con maíz MG tenían concentraciones más elevadas de lípidos en sangre, mientras que en los machos se observaban alteraciones en la excreción de ciertos minerales. [32]

Sin embargo, los efectos estadísticamente significativos observados por Monsanto en el estudio fueron desestimados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) en su evaluación de seguridad positiva del maíz. La EFSA afirmaba, sin aportar evidencia alguna, que estos efectos no eran “biológicamente significativos”. [45, 46]

En una revisión de la literatura científica que evalua la seguridad de los cultivos MG publicada en 2011, Seralini y su equipo comentaban la peligrosa tendencia a desestimar efectos estadísticamente significativos afirmando su falta de relevancia biológica. Señalaban que: “Los datos que indican que los efectos estadísticos no son biológicamente significativos comparados con los controles han sido publicados principalmente por las compañías [que desarrollan los cultivos MG] del 2004 en adelante, al menos 10 años después de que estos OMG fuesen comercializados por primera vez en todo el mundo". El equipo de Seralini calificaba esta tendencia de "altamente preocupante". [29]

Respuesta de la EFSA a las críticas sobre su aplicación del concepto de “relevancia biológica”

Tras ser sometida durante años a críticas de científicos independientes y de un miembro del Parlamento Europeo por su utilización del concepto de “relevancia biológica” [82, 29, 53], en 2011 la EFSA emitió finalmente una Opinión sobre la relación entre significado estadístico y relevancia biológica. [54]

Pero en su Opinión, la EFSA no fomula una definición científica ni jurídica rigurosa sobre qué hace que un resultado estadísticamente significativo sea “biológicamente relevante”, o no lo sea. En vez de ello, permite que la industria llegue a sus propias conclusiones sobre si las alteraciones observadas en un experimento son “importantes”, “significativas” o “pueden tener consecuencias para la salud humana”. Se trata de conceptos imprecisos, para los que no se definen criterios de valoración medibles o verificables objetivamente, por lo que son cuestión de opinión, y no de ciencia.

La ausencia de una buena definición de relevancia biológica significa además que las autoridades reguladoras no tienen un fundamento científico o jurídico sólido para discrepar de la industria cuando ésta afirma que un resultado estadísticamente significativo no es biológicamente relevante. Esto supone que en la práctica resulte imposible regular los OMG.

Las conclusiones de la Opinión de la EFSA no debieran causar extrañeza, dado que entre sus autores [54] figuran varios antiguos socios de la organización financiada por la industria, el International Life Sciences Institute (ILSI), entre otros Harry Kuiper [55] (entonces presidente del gupo de expertos sobre OMG de la EFSA), Josef Schlatter y Sussan Barlow.[ 56, 57] ILSI está financiado por las compañías que desarrollan cultivos MG/agroquímicas, incluyendo Monsanto.[58] Permitir que los socios de ILSI redacten el asesoramiento científico de la EFSA sobre cómo evaluar la seguridad de los alimentos y cultivos MG es como permitir que un estudiante redacte las preguntas de su exámen final, o permitir que un científico revise sus propios artículos cuando solicita su publicación.

Enmascarar el significado estadístico mediante el concepto de "variación normal".

Es frecuente que en los estudios se observen diferencias estadísticamente significativas en la composición de los alimentos MG comparado de sus equivalentes no-MG. Algunos estudios también revelan diferencias estadísticamente significativas en animales alimentados con una variedad MG comparado con animales alimentados con la variedad comparable no-MG.

Sin embargo, los defensores de la ingeniería genética desestiman invariablemente estas diferencias estadísticamente significativas, argumentando que se encuentran "dentro del rango normal de variación biológica".

Este argumento fue esgrimido por Snell et al. en su revisión de los estudios de alimentación animal con OMG. La revisión incluía algunos de los estudios resumidos en este informe, cuyos resultados revelaban diferencias significativas en los animales alimentados con productos MG. A pesar de ello, el equipo revisor (reflejando en algunos casos la opinión de los autores de los estudios originales) utilizaba el concepto de variación normal para concluir que "las plantas MG son nutricialmente equivalentes a sus homólogas no-MG y pueden utilizarse de forma segura en la alimentación humana y animal".[42]

Es científicamente injustificable desestimar cambios estadísticamente significativos en los animales alimentados con variedades MG basándose en que se encuentran dentro del rango normal de variación. Los defensores de la ingeniería genética definen el “rango normal de variación” mediante una recopilación de los denominados “datos históricos de control” de los animales control de numerosos estudios realizados a lo largo del tiempo, en condiciones experimentales muy diversas y utilizando diferentes métodos de medición. El resultado de esta recopilación es un conjunto de valores con una enorme variación, precisamente lo que buscan los defensores de la ingeniería genética, al parecer. La utilización de un conjunto de datos con un rango de variación tan injustificablemente amplio permite a los defensores de la ingeniería genética ocultar las diferencias existentes entre los animales alimentados con el OMG que se está ensayando y el grupo control en el “ruido” introducido por datos irrelevantes.

Sin embargo, no existe ninguna justificación científica para reunir unos “datos históricos de control” tremendamente dispares en un mismo conjunto de datos, y menos justificación si cabe para comparar este conjunto falseado de datos con los resultados del OMG que se pretende evaluar. Muy al contrario, esta práctica es opuesta al objetivo de todo experimento científico, que pretende precisamente minimizar las variables. Una práctica científica rigurosa requiere que el científico manipule únicamente una variable para comprobar su efecto en un experimento.

Ello permite que cualquier cambio observado pueda achacarse a una única causa probable.

Para dotar de un enfoque científico a un estudio de alimentación animal diseñado para averiguar si la ingesta de un OMG es segura, es preciso garantizar que dicho OMG sea la única variable manipulada. Un grupo de animales, el grupo “tratado”, debería alimentarse con una dieta que contenga el OMG, mientras que otro grupo, el grupo control, debería alimentarse con una dieta similar, con la única diferencia de que sus ingredientes no han sido modificados genéticamente. Salvo el componente MG de la dieta del grupo tratado, todas las condiciones del experimento debieran ser iguales. En estas condiciones estrictamente controladas, es probable que los cambios observados en el grupo tratado sean debidos al alimento MG.

La referencia de comparación más válida en cualquier experimento diseñado para descubrir los efectos de un OMG en un estudio de alimentación animal es por tanto el grupo control del propio experimento, conocido como grupo control concurrente. Ello se debe a que los animales de otros experimentos “históricos” estarán sujetos a muchas variables, como diferencias en la dieta y contaminantes en los alimentos, en el agua, en la cama, en las condiciones de laboratorio y en la genética animal. Limitar las comparaciones al grupo control concurrente debería ser la norma en los experimentos contratados por la industria biotecnológica para respaldar su solicitud de autorización para comercialiar un OMG.

Limitaciones de muchos estudios de alimentación animal con productos MG

Una limitación de muchos estudios de alimentación con productos MG realizados tanto por la industria como por investigadores independientes es que la referencia no-MG utilizada como referencia de comparación no es la línea parental isogénica no-MG.

Para evaluar la importancia de este defecto en diversos estudios es necesario considerar el objetivo del estudio. Se supone que los estudios de alimentación realizados con fines reguladores deberían revelar si un cultivo MG es toxicológicamente diferente del mismo cultivo sin modificación genética. En este tipo de estudios se debería alimentar a los animales del ensayo con el cultivo MG y al grupo control con la misma cantidad de la variedad isogénica no-MG, que tiene la misma dotación genética que éste a excepción de la modificación genética introducida. Para minimizar las variables, los cultivos deberían ser sembrados en la misma ubicación y condiciones, y simultáneamente.

Es frecuente sin embargo que la industria biotecnológica no lleve a cabo sus estudios de alimentación siguiendo estas pautas. La referencia utilizada para las comparaciones no se limita a la variedad isogénica no-MG. Introduce en vez de ello una serie de dietas no-MG compuestas por todo un abanico de cultivos no-MG lejanamente emparentados y sembrados en emplazamientos y condiciones diferentes y en distinta época. [31, 59] Esto tiene como consecuencia enmascarar cualquier efecto de la dieta MG entre el “ruido” de dietas irrelevantes.

Muchos estudios independientes sobre alimentos MG padecen la misma limitación, aunque por una razón diferente. En este caso la razón es que los investigadores tienen dificultades para acceder a semillas MG de una determinada variedad y a la línea isogénica no-MG para poder hacer un estudio comparativo, dado que las empresas biotecnológicas limitan el acceso a estos materiales de investigación. [60, 61]

Es importante, no obstante, situar esta limitación en su verdadero lugar. Debería exigirse que los estudios realizados por la industria para el proceso de autorización utilicen (a menudo no lo hacen) la variedad MG específica que se está ensayando y la línea isogénica no-MG como referencia de comparación, cultivadas al mismo tiempo y en las mismas condiciones, dado que es la única forma de asegurarse de si se han introducido cambios imprevistos en el cultivo debido al proceso de modificación genética. El objetivo de la evaluación de seguridad de todo proceso regulador es averiguar precisamente esto.

Un estudio que no cumpla estas restricciones no puede responder a dicho interrogante. Pero puede responder a otras preguntas.

Por ejemplo, un estudio que compare los efectos de una alimentación con soja Roundup Ready y con una variedad no-MG de soja con diferente dotación genética cultivada en condiciones ambientales distintas, aporta información sobre la toxicidad relativa en las dos variedades de soja. Puede mostrar si la soja MG es "sustancialmente equivalente" a la soja no-MG, o si no lo es. Pero si se observa que la dieta de soja MG es más tóxica que la dieta de soja no-MG, el estudio no podrá deducir que la causa del incremento de toxicidad reside en la modificación genética. No revelará si los efectos tóxicos observados en el consumo del alimento MG se deben al proceso de transformación, a los residuos del herbicida Roundup, a las diferencias de composición originadas por la dotación genética diferente, por las condiciones ambientales distintas en que se desarrolló el cultivo, o por una combinación de dos o más de estos factores. Para contestar a estos interrogantes tendrían que llevarse a cabo otros experimentos.

Doble rasero en la evaluación de estudios que evidencian riesgos frente a estudios que concluyen que los OMG son seguros

La muy citada revisión de estudios de alimentación animal de Snell et al concluía que los alimentos MG eran seguros. Sin embargo, muchos de los estudios revisados tenían la limitación de que el cultivo no-MG utilizado como referencia de comparación no era una variedad isogénica o casi isogénica. Esta limitación era un denominador común de los estudios que concluían que el alimento MG sometido a prueba era seguro, y los que planteaban cuestiones preocupantes. Pero en un ejemplo del doble rasero aplicado con frecuencia a los estudios sobre seguridad de OMG, Snell et al aceptaban sin cuestionar las conclusiones que afirmaban que éstos son seguros, mientras que rechazaban como poco fiables los resultados que evidenciaban riesgo y daños. [42]

Las autoridades reguladoras no exigen estudios a largo plazo de los OMG

Para poder detectar los efectos sobre la salud de la ingesta de alimentos MG por las personas, se requieren estudios de alimentación animal a largo plazo (crónicos). En la actualidad, sin embargo, las autoridades reguladoras no exigen estudios a largo plazo de los cultivos y los alimentos MG en ningún lugar del mundo. Tampoco se exigen los estudios reproductivos y multigeneracionales necesarios para revelar cualquier efecto de los cultivos o los alimentos MG sobre la fertilidad y sobre las generaciones futuras. [29]

Esto contrasta con los requisitos de pruebas para los pesticidas, mucho más estrictas. Para que la comercialización de un pesticida sea aprobada, éste debe someterse a ensayos a largo plazo de dos años y a pruebas reproductivas en mamíferos. [32] Sin embargo los alimentos MG no se someten a este tipo de pruebas, a pesar de que prácticamente todos los alimentos MG comercializados han sido modificados para producir un insecticida o para tolerar ser rociados con grandes cantidades de herbicida, por lo que es muy probable que contengan cantidades significativas de pesticidas (los herbicidas se consideran técnicamente pesticidas).

Los estudios más largos de alimentos MG, realizados habitualmente con vistas al proceso de evaluación reguladora, son ensayos de alimentación de roedores de 90 días. En Europa ni siquiera éstos eran obligatorios hasta 2013 [29], fecha en que se aprobó nueva legislación. [62] Este tipo de estudios de 90 días con roedores son sólo pruebas a medio plazo (subcrónicas) que equivaldrían a unos 7 años de vida humana, basándose en la esperanza de vida de 3 años de la rata Sprague-Dawley [63] y la esperanza de vida actual de las personas en el Reino Unido. [64] Son demasiado cortos para evidenciar efectos a largo plazo como posibles daños a órganos ó cáncer. [65] Además, los estudios realizados por la industria utilizan un número de animales demasiado bajo para que puedan detectarse efectos dañinos de forma fiable.

A pesar de estos graves defectos, se han observado efectos estadísticamente significativos incluso en los estudios de alimentación de 90 días en roedores de la propia industria. Los efectos más habituales observados son indicios de toxicidad en el hígado y los riñones, que son los principales órganos desintoxicadores y a menudo los primeros que presentan evidencia de enfermedades crónicas. [29]

Estas observaciones son interpretadas por los defensores de la ingeniería genética y por las autoridades reguladoras como “no significativas biológicamente” o como “dentro del rango normal de variación”. Pero como se ha explicado, estas afirmaciones carecen de base científica.

Los cultivos con rasgos combinados se someten a pruebas menos rigurosas que aquellos con un solo rasgo MG

Una mayoría de los cultivos MG que se encuentran actualmente en el mercado o que están en vías de aprobación no son cultivos con un solo rasgo transgénicos, sino con varios rasgos MG combinados. “Rasgo acumulado” significa que se han combinado varios rasgos MG en una misma semilla. Por ejemplo, el maíz transgénico SmartStax tiene ocho rasgos MG: seis de resistencia a los insectos (toxinas Bt) y dos de tolerancia a distintos herbicidas.

El fracaso de los cultivos con un solo rasgo MG ha llevado a las compañías biotecnológicas a recurrir al desarrollo de variedades con múltiples rasgos. Por ejemplo (véase el capítulo 5):

  1. Las plagas han desarrollado resistencia a las toxinas Bt.

  2. Los cultivos Bt han sido atacados por plagas secundarias de insectos

  3. Las malas hierbas se han hecho resistentes al glifosato, el herbicida que una mayoría de los cultivos MG puede tolerar gracias a la modificación genética

Los cultivos transgénicos con rasgos combinados presentan mayores riesgos que los que tienen un único caracter MG, debido a la posibilidad de interacciones imprevistas entre los distintos genes incorporados a la planta -y entre los múltiples genes extraños y los genes de la planta huesped. Tambien existen riesgos de efectos combinados como resultado de las interacciones entre las numerosas toxinas y compuestos biológicamente activos que pueden producirse en la planta debido a la introducción de multitud de genes. Las interacciones con los residuos de pesticidas utilizados en el cultivo MG constituyen un factor añadido que aumenta esta complejidad. En resumen, la incorporación de numerosos rasgos a un cultivo aumenta el riesgo de efectos imprevistos dañinos.

Sin embargo, los posibles efectos sobre la salud de los cultivos con rasgos combinados se comprueban con menos rigor todavía que aquellos con un solo rasgo MG. Desde 2013, Europa exige estudios toxicológicos de 90 días en ratas para los cultivos MG con un solo rasgo MG, pero no lo hace para los cultivos con rasgos combinados. La EFSA sostiene que puede evaluar la toxicidad del cultivo final con rasgos combinados analizando los resultados de los estudios realizados por la industria para los cultivos con un solo rasgo MG utilizados para desarrollar este tipo de combinaciones. [66]

Este posicionamiento está basado en una serie de presunciones simplistas, no en evidencia empírica. No analiza los efectos reales de los efectos mutacionales combinados y de la mezcla de transgenes y sus productos en el cultivo.

Los genes de resistencia a los antibióticos podrían producir “superbacterias”

Un motivo de preocupación adicional en lo que concierne a la seguridad de los alimentos MG es la posible presencia de genes “marcadores” de resistencia a los antibióticos en el cultivo MG. Estos genes están presentes en el cassette génico MG para permitir a los ingenieros genéticos confirmar si el gen MG de interés se ha integrado con éxito en el ADN de las células de la planta huesped. Cuando se añade un antibiótico a las células de la planta, sólo sobrevivirán aquellas que han incorporado con éxito en su ADN el cassette génico MG. Si el gen marcador de resistencia al antibiótico está asociado físicamente con el gen de interés, permanece en el cultivo MG final comercializado.

En un estudio in vitro (ensayo de laboratorio que no utiliza animales vivos ni seres humanos) se observó que el ADN del maíz Bt transgénico sobrevivía a su procesamiento, y este fue detectado en los fluídos digestivos de ovejas. Esto plantea la posibilidad de que el gen de resistencia a antibióticos del maíz pueda incorporarse al ADN de las bacterias gastrointestinales, en un ejemplo de transferencia genética horizontal. [67] Si el gen de resistencia a antibióticos se transfiere a una especie bacteriana patógena, podría dar lugar a la aparición de bacterias resistentes a antibióticos y susceptibles de causar enfermedad ("superbacterias") en el sistema digestivo.

¿Qué pruebas deberían realizar quienes desarrollan cultivos MG para garantizar que su ingesta es segura?

Las siguientes pruebas son el mínimo que debería llevarse a cabo para garantizar que la ingesta de un alimento MG es segura.

1. Debería realizarse una serie completa de análisis del perfil molecular "ómico” (genómico, transcriptómico, proteómico y metabolómico). Deberían llevarse a cabo perfiles de las moléculas de ARNip (ARN de silenciamiento de genes) y ARNmicro (ARNmi), para detectar cambios intencionados y no intencionados producidos por el proceso de ingeniería genética. A diferencia de las moléculas normales de ARN, que codifican proteínas, las moléculas ARNmi regulan la expresión de los genes.

Estas pruebas "ómicas" de perfil deberán realizarse para el OMG y para la línea isógenica no-OMG cultivada en el mismo lugar y simultáneamente, para resaltar la posible presencia de toxinas, alérgenos y alteraciones de composición/nutricionales provocadas por la transformación mediante ingeniería genética. No deberán utilizarse falsos controles no-isogénicos, como se hace frecuentemente en los estudios realizados para su presentación en el proceso de autorización.

2. Los estudios de alimentación a largo plazo deberían llevarse a cabo con una especie de animal de laboratorio adecuada. Estos estudios deberían incluir:

  • Una comparación del OMG únicamente con una línea isogénica no-MG.

  • Al menos tres dósis del OMG y de los agroquímicos asociados relevantes, incluyendo una dósis fisiológicamente relevante a la que la población podría estar expuesta.

  • Tres líneas paralelas de investigación sobre toxicidad, carcinogeneidad y efectos multigeneracionales.

  • Análisis toxicocinético del pesticida, para averiguar qué ocurre con él una vez en el interior del cuerpo del animal o del ser humano que lo ha consumido. Este seguimiento incluiría cómo y a dónde circula en el interior del cuerpo, cómo se descompone y qué compuestos origina, en qué medida se excreta eficientemente y hasta que punto y dónde se bioacumula. En las pruebas deberá utilizarse la formulación completa del herbicida, tal y como se comercializa y se utiliza; y en el caso de plantas MG que produzcan pesticidas, deberá probarse el pesticida aislado de la planta así como la planta MG completa.

  • Análisis exhaustivo anatómico, histológico (exámen microscópico de los tejidos corporales), fisiológico y bioquímico de órganos, sangre y orina.

  • Perfil molecular de determinados órganos de los animales utilizados en el ensayo para evaluar los efectos en la expresión de los genes, las proteínas, los metabolitos y la interferencia del ARN, que podrían ser la causa de los efectos negativos sobre la salud observados.

Si se está sometiendo a prueba un cultivo MG tolerante a los herbicidas, deberá probarse el herbicida por si solo y en combinación con el cultivo MG (sobre el que normalmente se aplica durante el ciclo de cultivo). En las pruebas deberá utilizarse la formulación completa del herbicida, tal y como se comercializa y se utiliza. Este diseño del estudio permite diferenciar los efectos del OMG de los efectos del herbicida y permite a los investigadores determinar si el OMG, el herbicida o una combinación de ambos son los causantes de los posibles efectos negativos para la salud observados.

Si se está probando un cultivo que expresa un plaguicida (por ejemplo, un cultivo Bt), deberá someterse a pruebas toxicológicas por separado el producto plaguicida (por ejemplo, la toxina Bt) producido por la planta, así como la planta Bt entera utilizada en alimentación. No es adecuado realizar los ensayos con toxina Bt producida a partir de bacterias, práctica habitual actualmente en los estudios realizados por la industria para su solicitud de autorización para comercializar un OMG. La toxina Bt producida por bacterias es equivalente a la producida por un cultivo MG exclusivamente en lo que se refiere a la secuencia de aminoácidos. No es equivalente en cuanto a modificaciones post-traducionales -las modificaciones químicas producidas en una proteína en el nuevo organismo huesped como resultado indirecto de la transferencia génica mediante ingeniería genética. Cualquier modificación post-traducional de la toxina Bt en las bacterias será notablemente diferente de las experimentadas en la planta, o incluso inexistente. Esto es debido a que las bacterias carecen de la capacidad para realizar modificaciones post-traducionales que tienen los organismos superiores, como las plantas.

Si la toxina Bt se prueba únicamente en estudios de alimentación con la planta MG completa y se observa toxicidad, no será posible saber si la causa es la toxina Bt o alguna toxina nueva producida en la planta como resultado de los efectos mutagénicos del proceso MG, o una combinación de ambas. Es necesario por tanto probar de forma aislada la toxina Bt producida por la planta MG así como la planta Bt completa, para comprender la causa de posibles problemas de toxicidad.

También es posible someter a pruebas adicionales la misma toxina Bt producida en bacterias MG. Ello permitiría a los investigadores determinar si parte de la toxicidad se debe a modificaciones post-traducionales originadas específicamente en la planta MG como resultado del proceso de ingeniería genética.

3. Tras los estudios de alimentación animal, deberían llevarse a cabo las siguientes pruebas:

  • Estudios de toxicidad en ganado similares a los estudios de alimentación en animales de laboratorio.

  • Estudios a largo plazo con dosis incrementales en voluntarios humanos.

Conclusión: 

En contra de lo que se afirma con frecuencia de que no existe evidencia de riesgos para la salud de los alimentos y cultivos MG, los resultados de estudios revisados por pares han revelado indicios de toxicidad y efectos dañinos reales sobre la salud de animales de laboratorio y de granja alimentados con OMG. Entre estos resultados cabe citar efectos tóxicos y alergénicos.

Una mayoría de los estudios de alimentación animal con OMG han sido ensayos a corto o medio plazo. Aunque los defensores de la ingeniería genética afirman que los efectos dañinos observados sobre la salud no son “biológicamente relevantes”, ni tampoco “adversos”, estas afirmaciones no se sostienen científicamente, puesto que estos términos no han sido definidos adecuadamente en lo que concierne a los OMG.

Lo que se necesita es estudios a largo plazo y multi-generacionales de los OMG para determinar si los cambios observados en los ensayos a corto y medio plazo, que sugieren efectos dañinos para la salud, evolucionan hacia casos de enfermedad grave, muerte prematura o efectos reproductivos o de desarrollo. Este tipo de estudios no es exigido por las autoridades reguladoras en ningún país del mundo.

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