Mito 3.10: Los piensos MG no presentan riesgos para la salud humana y animal

Mito: Los piensos MG no presentan riesgos para la salud humana y animal

Realidad: Los piensos MG afectan a la salud del ganado y pueden afectar a las personas que consumen productos animales

El mito en unas líneas: 

Se afirma con frecuencia que el ADN y las proteínas MG presentes en los piensos transgénicos se descomponen en el aparato digestivo del ganado y no son detectables en el producto final. Sin embargo, el ADN modificado genéticamente presente en los piensos ha sido detectado en la leche y la carne que comen las personas.

Se ha observado también que el pienso MG afectaba negativamente a la salud de los animales que lo consumían.

Otros trabajos de investigación han puesto en evidencia que unas moléculas pequeñas denominadas micro-ARN presentes en las plantas, incluidas las plantas MG, podrían tener efectos fisiológicos directos en las personas y animales que las consumen.

Por todas estas razones, se debería informar en el etiquetado si la carne, los huevos y los productos lácteos proceden de animales alimentados con piensos MG.

Una mayoría de los cultivos MG se destinan a piensos compuestos. En los países donde es obligatorio etiquetar los alimentos transgénicos, no es necesario informar en el etiquetado de la presencia de carne, huevos o productos lácteos procedentes de animales alimentados con piensos MG.

¿Está justificada esta falta de etiquetado? Históricamente, las autoridades reguladoras y algunos sectores de la industria alimentaria han afirmado que las moléculas MG -el ADN y las proteínas- se descomponían en el aparato digestivo de los animales y no eran detectables en el producto alimentario final.[1],[2] La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), por ejemplo, afirmaba: “Tras la ingesta, se observa una rápida degradación en fragmentos cortos de ADN o de péptidos en el aparato gastrointestinal de los animales o de las personas. Hasta la fecha, numerosos estudios experimentales con ganado han demostrado que no se detectan fragmentos de ADN recombinante ni proteínas derivadas de plantas MG en los tejidos, los fluidos y los productos comestibles procedentes de animales de granja tales como codornices, pollos, vacas o cerdos.”[2]

Sin embargo, los siguientes resultados de estudios, algunos de ellos publicados antes de que la EFSA hiciera esta declaración, han demostrado que esta afirmación era falsa:

  • Se detectó la presencia de ADN transgénico en leche vendida en el mercado italiano, aunque los autores del estudio afirmaban que no estaba claro si la procedencia de dicho ADN era la ingestión por el animal o una fuente de contaminación externa.[3]

  • El ADN transgénico del pienso fue incorporado a los órganos animales y detectado en la carne y el pescado que comen las personas.[4],[5],[6],[7]

  • Se observaron toxinas Bt insecticidas en la sangre de mujeres embarazadas y no embarazadas y en el suministro sanguíneo al feto.[8],[9]Se desconoce si las toxinas Bt procedían de cultivos transgénicos Bt o de los productos insecticidas Bt utilizados en agricultura ecológica y convencional. Se desconoce también la vía de exposición (a través de la dieta o por inhalación). Sin embargo, el estudio demuestra que la presunción de que las toxinas Bt se descomponen en el aparato digestivo de los mamíferos y no pueden llegar a la sangre y a los órganos, es falsa.

  • Se ha observado también que el pienso MG afecta a la salud de los animales que lo consumen. Se detectó ADN transgénico en la sangre los órganos y la leche de cabras. Se observó la presencia de una enzima, la deshidrogenasa láctica, a niveles incrementados significativamente en el corazón, los músculos y los riñones de cabras jóvenes alimentadas con soja MG.[10] Esta enzima se origina en células dañadas durante reacciones inmunitarias o cuando se produce una lesión, de manera que su presencia en niveles elevados podría indicar este tipo de problemas. Este estudio no permite distinguir si este efecto se debía a la presencia de ADN transgénico en el pienso o a algún otro factor del cultivo MG, como posibles alteraciones de una proteína en la variedad transgénica o la presencia de residuos de los pesticidas aplicados durante su cultivo.

Tras difundirse ampliamente que la evidencia existente no respalda las afirmaciones de que el ADN transgénico no es detectable en el producto final, la Agencia de Normativa Alimentaria (Food Standards Agency, FSA) del Reino Unido admitió en 2012 que: “Es… posible que puedan detectarse ocasionalmente en tejidos animales fragmentos de ADN procedentes de materiales de plantas MG, de la misma manera que pueden detectarse en estos mismos tejidos fragmentos de ADN derivados de materiales de plantas no modificadas genéticamente (no-MG)."[11]

Sin embargo, la declaración de la FSA parece casi un eufemismo a la luz de un estudio de 2013 con seres humanos que demostró que fragmentos de ADN lo suficientemente grandes como para constituir genes completos pueden eludir el proceso de degradación en el aparato digestivo y pasar de los alimentos a la sangre.[12] Este estudio no se refería a alimentos MG, pero sus resultados serían aplicables tanto a alimentos MG como no-MG.

Los segmentos de ADN vegetal eran lo suficientemente completos como para permitir a los investigadores identificar las plantas que habían ingerido las personas, como soja, maíz y colza. Los investigadores descubrieron incluso que una de las muestras de suero sanguíneo tenía una concentración más elevada de ADN vegetal que de ADN humano.[12]

Las mayores concentraciones de ADN vegetal se observaron en personas con afecciones inflamatorias, como la enfermedad inflamatoria intestinal y la enfermedad de Kawasaki, una enfermedad autoinmune en la que los vasos sanguíneos se inflaman.[12]

Cabe recordar que la presencia de genes intactos en la circulación no implica que estén funcionando (expresándose). Para que esto suceda han de tener lugar varios pasos, concretamente:

  1. Incorporación a las células

  2. Integración en el ADN de la célula hospedante

  3. En el caso de un gen procedente de una planta, integración en una posición y con una orientación que permita que un promotor de la célula huésped active el gen y le haga expresarse (los promotores de las plantas son muy ineficientes en las células animales y humanas)

Puede concluirse que las posibilidades de expresión son bajas. La consecuencia adversa para la salud más plausible resultaría de la incorporación de genes intactos a bacterias y su expresión en las mismas. Si hay genes intactos en la sangre de una persona que ha consumido un alimento, esto quiere decir que hay genes intactos en el aparato digestivo, que podrían incorporarse a bacterias y expresarse. Esto debería ser investigado experimentalmente.

Sin embargo, se ha demostrado que otro tipo de molécula de ADN ingerida con los alimentos puede afectar a los animales que los consumen. Se han descubierto microARN (miARN, un tipo de molécula de ARN bicatenario que interviene en la regulación de muchos genes) de plantas en la sangre de animales y de personas que las habían comido. En experimentos realizados con ratones se descubrió que los microARN de plantas de arroz ingeridas por los animales permanecían biológicamente activos, afectando a la expresión de los genes y al funcionamiento de procesos importantes en el organismo.[13]

Aunque este estudio no fue realizado con plantas MG, demostró que cualquier vegetal ingerido, incluyendo plantas MG, podría tener efectos fisiológicos directos en los consumidores humanos y animales.[13] El estudio sugería que el dicho “Somos lo que comemos” pudiera tener cierta base científica.

Muchos cultivos MG que están siendo ensayados o cuya liberación comercial está a la espera de autorización han sido modificados genéticamente para expresar secuencias de miARN nuevas, bien sea para ejercer control sobre los genes de la planta huésped o para actuar como insecticidas. Las autoridades reguladoras no han evaluado adecuadamente estos productos.[14]

¿Tiene alguna importancia todo ello? La FSA del Reino Unido concluiría que no la tiene, puesto que “los alimentos procedentes de animales alimentados con cultivos MG autorizados se consideran tan seguros como los procedentes de animales alimentados con cultivos no-MG”.[11]

Sin embargo, los estudios analizados en este capítulo demuestran que esta afirmación es falsa, y que una dieta que contiene cultivos MG puede dañar la salud animal, por lo que también podrían existir riesgos para las personas que comen productos derivados de animales enfermos alimentados con productos MG.

Conclusión: 

El argumento de que la carne, los huevos y los productos lácteos de animales alimentados con productos MG no requieren ser etiquetados no puede justificarse científicamente, puesto que en algunos casos dichos productos pueden contener ADN modificado genéticamente e incluso podrían haber sido modificados materialmente como consecuencia del consumo de OMG por el animal. Además, se ha demostrado que algunos cultivos MG tienen efectos tóxicos en animales de laboratorio y de granja, por lo que las personas que consumen carne y productos lácteos de animales criados con cultivos MG podrían estar comiendo animales enfermos.

Referencias: 

1. Mann A. Stores retreat on GM feed. The Scottish Farmer. http://bit.ly/163z8Uj. Publicado el 18 de abril, 2013.

2. European Food Safety Authority (EFSA). EFSA statement on the fate of recombinant DNA or proteins in meat, milk and eggs from animals fed with GM feed. 2007. Disponible en: http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/doc/744.pdf.

3. Agodi A, Barchitta M, Grillo A, Sciacca S. Detection of genetically modified DNA sequences in milk from the Italian market. Int J Hyg Env Health. 2006;209:81–8. doi:10.1016/j.ijheh.2005.08.005.

4. Mazza R, Soave M, Morlacchini M, Piva G, Marocco A. Assessing the transfer of genetically modified DNA from feed to animal tissues. Transgenic Res. 2005;14:775–84. doi:10.1007/s11248-005-0009-5.

5. Sharma R, Damgaard D, Alexander TW, et al. Detection of transgenic and endogenous plant DNA in digesta and tissues of sheep and pigs fed Roundup Ready canola meal. J Agric Food Chem. 2006;54:1699–1709. doi:10.1021/jf052459o.

6. Chainark P, Satoh S, Hirono I, Aoki T, Endo M. Availability of genetically modified feed ingredient: investigations of ingested foreign DNA in rainbow trout Oncorhynchus mykiss. Fish Sci. 2008;74:380–390.

7. Ran T, Mei L, Lei W, Aihua L, Ru H, Jie S. Detection of transgenic DNA in tilapias (Oreochromis niloticus, GIFT strain) fed genetically modified soybeans (Roundup Ready). Aquac Res. 2009;40:1350–1357.

8. Aris A, Leblanc S. Maternal and fetal exposure to pesticides associated to genetically modified foods in Eastern Townships of Quebec, Canada. Reprod Toxicol. 2011;31.

9. Aris A. Response to comments from Monsanto scientists on our study showing detection of glyphosate and Cry1Ab in blood of women with and without pregnancy. Reprod Toxicol. 2012;33:122-123.

10. Tudisco R, Mastellone V, Cutrignelli MI, et al. Fate of transgenic DNA and evaluation of metabolic effects in goats fed genetically modified soybean and in their offsprings. Animal. 2010;4:1662–1671. doi:10.1017/S1751731110000728.

11. Food Standards Agency (UK). GM material in animal feed. 2013. Disponible en: http://www.food.gov.uk/policy-advice/gm/gmanimal#.UXw5SoJAtY4.

12. Spisak S, Solymosi N, Ittzes P, et al. Complete genes may pass from food to human blood. PLOS ONE. 2013;8(7):e69805.

13. Zhang L, Hou D, Chen X, et al. Exogenous plant MIR168a specifically targets mammalian LDLRAP1: Evidence of cross-kingdom regulation by microRNA. Cell Res. 2012;22(1):107-126. doi:10.1038/cr.2011.158.

14. Heinemann J, Agapito-Tenfen SZ, Carman J. A comparative evaluation of the regulation of GM crops or products containing dsRNA and suggested improvements to risk assessments. Environ Int. 2013;55:43–55.

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