Mito 3.7: Ningún alimento MG ha hecho enfermar a nadie nunca

Mito: Ningún alimento MG ha hecho enfermar a nadie nunca.

Realidad: No hay ninguna evidencia científica que respalde esta afirmación.

El mito en unas líneas: 

Los defensores de los OMG sostienen que en Estados Unidos millones de americanos llevan años comiendo alimentos MG sin que se hayan producido efectos nocivos. Pero esta afirmación es anecdótica y científicamente indefendible, puesto que no se ha realizado jamás ningún estudio epidemiológico para analizar los efectos de los alimentos MG en la población. Por otra parte, en EEUU los alimentos MG no se etiquetan, por lo que resulta imposible hacer un seguimiento de su consumo ni relacionar con ellos un efecto nocivo sospechado. Se trata de un caso claro de “no mirar para no ver”.

La tecnología de ingeniería genética ha sido relacionada con dos casos de brotes de enfermedad: uno de ellos es el del L-triptófano, un suplemento alimentario producido con bacterias MG, y el otro el Starlink, un maíz transgénico que provocaba reacciones alérgicas según algunos informes. En ambos casos las autoridades responsables encubrieron y negaron los hechos.

Los defensores de los OMG sostienen que en Estados Unidos millones de personas llevan años comiendo alimentos MG sin efectos nocivos. Pero esta afirmación es anecdótica y científicamente indefendible, puesto que no se ha realizado jamás ningún estudio epidemiológico para analizar los efectos de los alimentos MG en la población en general. Por otra parte, en EEUU los alimentos MG no se etiquetan, por lo que resulta imposible hacer un seguimiento de su consumo. Se trata de un caso claro de “no mirar para no ver”.

En las circunstancias existentes en EEUU, cualquier efecto de un alimento transgénico sobre la salud tendría que cumplir condiciones extremadamente específicas e inusuales para poder ser advertido. Tendría que:

  • Producirse poco después de haber comido un alimento que se sabe es un producto MG -a pesar de no estar etiquetado-, de manera que el consumidor pueda establecer una correlación causal entre su consumo y el efecto dañino. Aumentos de enfermedades como el cáncer, que tiene un prolongado periodo de latencia, no podrían ser asociados con un alimento MG.

  • Provocar síntomas distintos a las enfermedades habituales. Caso de que los alimentos MG provocasen un aumento de enfermedades comunes como alergias, diabetes o cáncer, nadie sabría a qué se debía este aumento.

  • Ser espectacular y evidente a simple vista o para el consumidor de un alimento MG. Nadie examina con un microscopio los tejidos orgánicos de una persona para detectar daños tras comer un alimento MG. Pero precisamente este tipo de examen sería el necesario para alertar tempranamente de posibles problemas como cambio pre-cancerosos.

Por otra parte, los efectos sanitarios tendrían que ser registrados y divulgados por un organismo centralizado conocido por la población, con capacidad para cotejar los datos a medida que se reciben y para identificar co-relaciones. No existe ningún organismo de seguimiento de este tipo.

Los efectos sanitarios moderados o de efecto retardado de los alimentos MG podrían tardar décadas en manifestarse a través de estudios epidemiológicos, al igual que los efectos dañinos de los ácidos grasos trans (otro tipo de alimento artificial) tardaron décadas en ser reconocidos. Los efectos de envenenamiento lento de los ácidos grasos trans han provocado millones de muertes prematuras en el mundo entero.[1]

Los daños de una exposición crónica a dosis bajas de productos químicos que son disruptores endocrinos (de las hormonas), incluyendo los pesticidas, pueden aparecer igualmente a corto o medio plazo, pero producir enfermedades devastadoras a largo plazo.[2]

Para detectar efectos sutiles pero importantes sobre la salud, o efectos que tardan en aparecer (efectos crónicos), sería necesario llevar a cabo estudios controlados a largo plazo sobre gran número de personas.

Dos brotes de enfermedad han sido relacionados con la tecnología MG

Se han producido dos casos notorios en los que se sospechaba que un alimento MG era el causante de enfermedad en las personas. En ambos casos, la industria y las autoridades reguladoras negaron que la causa fuese la ingeniería genética, pero un análisis de las evidencias no tranquiliza en este sentido.

L-triptófano

En 1989 se descubrió que el L-triptófano, un suplemento alimentario producido utilizando bacterias MG, era tóxico. Su consumo provocó la muerte de 37 personas y dejó inválidas a más de 1500.[3],[4],[5] La enfermedad provocada se denominó síndrome de eosinofilia mialgia (EMS). Entre los síntomas cabe citar una sobreproducción de glóbulos blancos denominados eosinófilos, mialgia (dolor muscular) intensa y en algunos casos parálisis.

El L-triptófano que afectó a las personas provenía de un único proveedor: una compañía japonesa llamada Showa Denko. Un estudio publicado julio de 1990 en el Journal of the American Medical Association mencionaba que Showa Denko había introducido en el proceso de fabricación una nueva bacteria transformada mediante ingeniería genética, denominada Cepa V, en diciembre de 1988, unos pocos meses antes del principal brote epidémico.[5]

Hubo cierto debate sobre si la presencia de la toxina en el L-triptófano se debía a la ingeniería genética o a un proceso de fabricación chapucero por parte de Showa Denko. La empresa había realizado cambios en su proceso de purificación mediante filtros de carbono antes de descubrirse el contaminante tóxico.

Sin embargo, los autores de un estudio de 1990 patrocinado por el US Centers for Disease Control señalaban que culpar del problema al proceso de filtración con carbono no responde a la pregunta de cómo se produjo la presencia de la toxina en el producto.[6] Se trataba de una toxina novedosa que no se encontraba en los demás productos de L-triptófano de la compañía. Los autores del estudio señalaban que la nueva cepa bacteriana MG introducida por el fabricante antes del brote “podrían haber producido cantidades mayores” de la toxina que las utilizadas anteriormente.[6]

Uno de los co-autores del estudio, El Dr. Michael Osterholm, epidemiólogo del Departamento de Salud de Minnesota, comentaba en un artículo publicado en la prensa que la nueva cepa bacteriana “había sido activada para fabricar más L-triptófano y algo falló. Esto, evidentemente, nos lleva al debate sobre la ingeniería genética en general”.[7]

Tras el comentario de Osterholm aparecieron una serie de artículos en prensa que expresaban dudas sobre la seguridad de la ingeniería genética. Y la Administración de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos (Food and Drug Administration, FDA) asumió el papel de exonerar a la ingeniería genética de toda culpa en la epidemia de EMS. Un artículo de la revista Science citaba al funcionario de la FDA Sam Page afirmando que Osterholm estaba “propagando la histeria”. Resulta revelador que Page añadiera (énfasis añadido): “La pregunta de si existe alguna relación con la ingeniería genética es prematura - especialmente dado el impacto que supone para la industria". [8]

Osterholm respondió: “Cualquiera que analice los datos llegará a la misma conclusión [que la aparición de la toxina puede estar relacionada con la ingeniería genética]… Creo que la FDA no quiere que esto ocurra debido a las implicaciones que ello tendría para esta agencia.”[8]

James Maryanski, coordinador de política biotecnológica de la FDA, culpó de la epidemia de EMS a los cambios introducidos por Showa Denko en el proceso de purificación.[9] Maryanski también afirmó que la ingeniería genética no podría haber sido el único o incluso el principal responsable de la EMS, porque se habían registrado casos de esta enfermedad durante varios años antes de que Showa Denko introdujese su cepa bacteriana V modificada mediante ingeniería genética en diciembre 1988.[10]

Sin embargo, un estudio publicado en 1994 demuestra que este argumento es engañoso. Showa Denko había denominado "V" a su cepa bacteriana porque existían cuatro cepas anteriores de la bacteria. Durante varios años, la compañía fue introduciendo progresivamente más modificaciones genéticas en la bacteria utilizada en su proceso de fabricación. Empezó a utilizar la cepa V en diciembre de 1988, poco antes del principal brote de EMS en 1989.[3] Pero según los abogados que llevaron la defensa de las víctimas del EMS, la utilización de su primera cepa modificada genéticamente, la cepa II, se remontaba a mucho antes, en 1984.[11] Esta escala temporal significa que las bacterias modificadas mediante ingeniería genética de Showa Denko podrían haber sido responsables de la epidemia de EMS.

La respuesta de la FDA a la crisis fue declarar que todo el L-triptófano era peligroso y prohibir su venta temporalmente.[12] Sin embargo, un estudio patrocinado por el Centers for Disease Control concluía que esto no era cierto, puesto que de seis fabricantes de L-triptófano, solo el producto de Showa Denko estaba asociado claramente a la enfermedad.[13]

Si el L-triptófano de Showa Denko se fabricase hoy día, su seguridad tendría que ser sometida a evaluación, puesto que procede de bacterias MG. Sin embargo, puesto que el L-triptófano presentaba una pureza mayor del 99%, no contenía ADN y la toxina novel sospechosa estaba presente en una proporción de menos del 0,1% del producto final comercializado, sería autorizado por considerarse sustancialmente equivalente al mismo compuesto producido a partir de organismos no modificados genéticamente. De manera que se produciría la misma tragedia.[14]

“Que sepamos, no se ha realizado ninguna evaluación mediante la exposición humana [a alimentos MG]. En Estados Unidos, donde se han introducido cultivos MG, nadie sabe a ciencia cierta quién está comiendo qué. Sin esta información, cabe preguntarse en qué se basa la evaluación de riesgos. Si los cultivos MG estuviesen provocando cambios imperceptibles en la salud humana, no lo sabríamos. Más grave aún, no tendríamos forma de detectar estos cambios, porque desconocemos de dónde hemos partido y tampoco sabemos cuál es el nivel de exposición. Si los productos MG fueran sumamente tóxicos, evidentemente lo sabríamos; pero aceptamos que no lo son. Si por el contrario estuviesen provocando cambios imperceptibles a nivel de alergias y demás -dolencias comunes-, no lo sabríamos. Si las talidomidas hubieran provocado paladar hendido en vez de una malformación bastante evidente [y poco habitual], es probable que siguiéramos sin saberlo, porque el paladar hendido es muy común. Si el índice de casos de afecciones comunes empieza a cambiar, pero desconocemos el punto de partida y carecemos de datos sobre la exposición de la población, es imposible saber si algo está provocando un problema.”

- C. Vyvyan Howard, patólogo especializado en toxicología con cualificación médica, Universidad de Liverpool, Reino Unido (actualmente en la Escuela de Ciencias Biomédicas, Universdad de Ulster, Irlanda del Norte.[15]

El maíz StarLink

En el año 2000 se observaron reacciones alérgicas al maíz en la población estadounidense, algunas de ellas graves, y se descubrió que un maíz denominado Starlink había contaminado el suministro alimentario. Las autoridades reguladoras habían permitido cultivar Starlink para piensos y para usos industriales, pero no habían autorizado el uso de este maíz para consumo humano porque sospechaban que la proteína insecticida Bt que contenía, conocida como Cry9C, podía provocar reacciones alérgicas.

No se conoce el número de personas que padeció reacciones alérgicas a los productos de maíz porque no existe ningún sistema centralizado donde se registren estos casos. La FDA analizó la información recibida y solicitó al US Centers for Disease Control (CDC) que investigase solamente 28 casos que se ajustaban a sus criterios. La CDC realizó pruebas en muestras de suero sanguíneo procedentes de estas personas, pero concluyó que los resultados no evidenciaban que las reacciones alérgicas estuvieran asociadas con la proteína Cry9C.[16]

Sin embargo, la investigación de la CDC presentaba ciertos problemas, muchos de los cuales fueron identificados por los propios investigadores. Por ejemplo, el suero del grupo control se obtuvo de muestras sanguíneas tomadas antes de la liberación del Starlink en 1996. Sin embargo, este suero presentaba una respuesta alérgica a la Cry9C más acusada que el suero de las personas que habían declarado padecer reacciones alérgicas al Starlink.[16] Los investigadores declararon que esto es habitual en muestras que han permanecido cierto tiempo congeladas y almacenadas, como las utilizadas como control. Pero no manifestaron preocupación alguna por el hecho de que ello inclinase los resultados hacia una falsa conclusión de que el Starlink no producía ningún efecto. Tampoco sustituyeron las muestras control problemáticas por otras más fiables -por ejemplo, por muestras recién tomadas de personas cuya probabilidad de haber estado expuestas al Starlink fuese mínima.

Las pruebas y los resultados de la CDC fueron revisados por un grupo de trabajo convocado por la Agencia de Protección Ambiental Estadounidense (US Environmental Protection Agency, EPA), que los criticó por varias razones. EsteEste grupo señaló que los investigadores de la CDC habían aislado la proteína Cry9C a partir de bacterias E. coli en vez del maíz Starlink, por lo que la proteína sometida a prueba habría sido diferente de la Cry9C que se sospechaba había provocado reacciones alérgicas.[17] Concretamente, la proteína Cry9C de las bacterias E. coli carecería de moléculas de azúcar, que habrían sido añadidas a la misma mediante un proceso denominado glicosilación en el caso de la proteína derivada del maíz. La glicosilación puede ser crítica para desencadenar una reacción alérgica. La utilización de una proteína incorrecta por CDC invalida sus análisis y sus conclusiones.

Un estudio de guisantes MG portadores de una proteína insecticida procedente de una alubia ilustra la gravedad del error de CDC al utilizar una proteína Cry9C procedente de E. coli en vez del maíz. El estudio reveló cambios muy acusados en el patrón de las moléculas de azúcares (glicosilación) de la proteína insecticida expresada en los guisantes, comparado con su forma original en las alubias. Los autores concluían que esta alteración de la naturaleza y la estructura de las moléculas de azúcar era la causa de las reacciones de inflamación de tipo inmunitario y alérgico a la proteína insecticida MG observadas en los ratones.[18]

Este caso demuestra que es necesario que la proteína transgénica estudiada provenga de un cultivo MG en vez de venir de otra fuente sin relación alguna, puesto que los patrones de las moléculas de azúcares serán diferentes, pudiendo variar de forma importante su potencial para provocar reacciones inmunitarias y alérgicas.

El grupo de trabajo de la EPA también criticó la falta de controles adecuados en las pruebas realizadas por la CDC, y cuestionó la metodología y la sensibilidad de las pruebas utilizadas. Su conclusión fue que: “Tal y como se han realizado, las pruebas no descartan la proteína Starlink Cry9C como posible causa de síntomas alérgicos”. El veredicto del grupo de trabajo fue que había una "probabilidad media" de que la proteína Cry9C constituyera un alérgeno.[17]

Aventis, la empresa que había desarrollado Starlink, retiró este maíz en 2000.[19] Sin embargo, en un ejemplo de hasta qué punto resulta imposible eliminar un OMG una vez liberado en el medio, el Starlink seguía siendo detectado en muestras recogidas en los mercados de Arabia Saudí en 2009 y 2010. [20]

Conclusión: 

Las afirmaciones de que nadie ha enfermado por culpa de un cultivo o de un alimento MG carecen de fundamento científico, puesto que no se han realizado estudios epidemiológicos. Por otra parte, en EEUU, el país donde se consume una mayoría de estos productos, los alimentos MG no se etiquetan, de modo que es imposible hacer un seguimiento de los patrones de consumo y vincularlos a posibles efectos nocivos. Sin embargo, los casos del L-triptófano producido a partir de bacterias MG y el maíz transgénico Starlink son motivo de preocupación.

Referencias: 

1. Mozaffarian D, Katan MB, Ascherio A, Stampfer MJ, Willett WC. Trans fatty acids and cardiovascular disease. N Engl J Med. 2006;354:1601–13.

2. Vandenberg LN, Colborn T, Hayes TB, et al. Hormones and endocrine-disrupting chemicals: Low-dose effects and nonmonotonic dose responses. Endocr Rev. 2012;33(3):378-455. doi:10.1210/er.2011-1050.

3. Mayeno AN, Gleich GJ. Eosinophilia-myalgia syndrome and tryptophan production: A cautionary tale. Trends Biotechnol. 1994;12:346-52.

4. US Congress House Committee on Government Operations: Human Resources and Intergovernmental Relations Subcommittee. FDA’s regulation of the dietary supplement L-tryptophan: Hearing before the Human Resources and Intergovernmental Relations Subcommittee of the Committee on Government Operations, House of Representatives, One Hundred Second Congress, first session, July 18, 1991. Washington, DC, USA: US GPO; 1992. Disponible en: http://catalog.hathitrust.org/Record/003481988.

5. Slutsker L, Hoesly FC, Miller L, Williams LP, Watson JC, Fleming DW. Eosinophilia-myalgia syndrome associated with exposure to tryptophan from a single manufacturer. JAMA. 1990;264:213-7.

6. Belongia EA, Hedberg CW, Gleich GJ, et al. An investigation of the cause of the eosinophilia-myalgia syndrome associated with tryptophan use. N Engl J Med. 1990;323:357-65. doi:10.1056/NEJM199008093230601.

7. Garrett L. Genetic engineering flaw blamed for toxic deaths. Newsday. August 14, 1990:C-1.

8. Roberts L. L-tryptophan puzzle takes new twist. Science. 1990;249(4972):988.

9. Jacobs P. Cornucopia of biotech food awaits labeling. Los Angeles Times. http://articles.latimes.com/2000/jan/31/news/mn-59543. Published January 31, 2000.

10. Crist WE. Toxic L-tryptophan: Shedding light on a mysterious epidemic – Background information. 2005. Disponible en: http://www.responsibletechnology.org/gmo-dangers/health-risks/L-tryptophan/background-information.

11. Crist WE. Toxic L-tryptophan: Shedding light on a mysterious epidemic – Contaminants. 2005. Disponible en: http://responsibletechnology.org/gmo-dangers/health-risks/L-tryptophan/contaminants.

12. Cimons M. FDA expands L-tryptophan recall, cites a major risk: Health: The action applies to even small dosages: Nineteen people have died of a blood disorder linked to the dietary supplement. Los Angeles Times. http://lat.ms/NAzzw8. Published March 23, 1990.

13. Kilbourne EM, Philen RM, Kamb ML, Falk H. Tryptophan produced by Showa Denko and epidemic eosinophilia-myalgia syndrome. J Rheumatol Suppl. 1996;46:81-8; discussion 89-91.

14. Antoniou M. Genetic pollution. Nutr Ther Today. 1996;6:8–11.

15. Howard CV. GM crops inquiry: Testimony of Prof C. Vyvyan Howard to the Scottish Parliament Health and Community Care Committee, meeting no. 31, 27 November 2002. 2002. Disponible en: http://archive.scottish.parliament.uk/business/committees/historic/health/or-02/he02-3102.htm.

16. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Investigation of human health effects associated with potential exposure to genetically modified corn: A report to the US Food and Dug Administration. 2001. Disponible en: www.cdc.gov/nceh/ehhe/cry9creport/pdfs/cry9creport.pdf.

17. FIFRA Scientific Advisory Panel. A set of scientific issues being considered by the Environmental Protection Agency regarding assessment of additional scientific information concerning StarLinkTM corn. SAP Report No. 2001-09. Arlington, Virginia: US Environmental Protection Agency (EPA); 2001.

18. Prescott VE, Campbell PM, Moore A, et al. Transgenic expression of bean alpha-amylase inhibitor in peas results in altered structure and immunogenicity. J Agric Food Chem. 2005;53:9023–30. doi:10.1021/jf050594v.

19. Carpenter JE, Gianessi LP. Agricultural biotechnology: Updated benefit estimates. National Center for Food and Agricultural Policy; 2001. Disponible en: http://ucbiotech.org/biotech_info/PDFs/Carpenter_2001_Updated_Benefits.pdf.

20. Elsanhoty RM, Al-Turki AI, Ramadan MF. Prevalence of genetically modified rice, maize, and soy in Saudi food products. Appl Biochem Biotechnol. 2013. doi:10.1007/s12010-013-0405-x.

Compártelo: