Conclusión

La aparición de cultivos y alimentos modificados genéticamente supone un acontecimiento sin precedentes en la historia de la agricultura. Nunca antes se habían alterado tanto y en tan poco tiempo las condiciones de nuestro suministro de alimentos y nuestra forma de cultivarlos. Este cambio afectará a todos los habitantes del planeta, ahora y en el futuro.

Los avances en agricultura deben ser bienvenidos, siempre y cuando supongan una contribución a un sistema de producción más sostenible, y ayuden a solucionar los problemas del hambre y la malnutrición. Los alimentos y cultivos modificados genéticamente han sido presentados durante mucho tiempo como una vía para obtener mayores producciones con menos insumos, reducir el uso de pesticidas, facilitar la labor agrícola y hacerla más rentable, producir alimentos más nutritivos y responder a los desafíos planteados por el cambio climático.

Sin embargo, las circunstancias que han surgido desde su introducción en 1996 muestran un panorama muy diferente. La investigación científica y la experiencia agrícola del mundo real demuestran que los cultivos modificados genéticamente no han cumplido con las promesas mencionadas. No han aumentado la producción ni han reducido de forma sostenible la utilización de insumos químicos tóxicos. Han conducido a los agricultores a tener que enfrentarse a nuevos retos, como el control de las supermalezas resistentes a herbicidas y las superplagas resistentes a las toxinas Bt. Los cultivos modificados genéticamente no son menos dependientes de los fertilizantes de síntesis que otros cultivos convencionales. Su consumo no es tan seguro como el de las variedades cultivadas de forma convencional. No ofrecen ninguna solución frente a los principales retos de nuestro tiempo: el cambio climático, la crisis energética y el hambre.

¿Por qué la ingeniería genética no ha conseguido cumplir sus promesas?

El enfoque de la ingeniería genética supone que los genes son unidades de información aislada, con efectos predecibles, lo cual no se corresponde con la realidad. La organización de los genes en el ADN de cualquier organismo no es aleatoria, y los genes funcionan como una red compleja, interconectada y coordinada, formada por capas y capas de sistemas moleculares.

La ingeniería genética está basada en una comprensión obsoleta de la genética, y está abocada al fracaso. No es capaz de conferir más que las propiedades más simples, como la tolerancia a herbicidas controlada por un solo gen. La ingeniería genética simplemente no está a la altura a la hora de obtener sistemas de producción de alimentos seguros, productivos y resilientes.

Una comprensión más moderna de la genética nos indica que es necesario adoptar un enfoque sistémico de la biología a la hora de mejorar nuestros cultivos, para así conservar la organización y regulación génica, en lugar de alterarla como hace la ingeniería genética. La forma segura y efectiva de obtener cultivos con cualidades deseables complejas, como una mayor producción, tolerancia a la sequía o resistencia a enfermedades es mediante la mejora vegetal convencional, potenciada cuando resulte útil mediante selección asistida por marcadores.

Dado lo fundamental de los inconvenientes técnicos y conceptuales de la mejora vegetal mediante ingeniería genética, no debería sorprendernos que no haya conseguido cumplir ninguna de sus promesas y haya dado lugar a alimentos que no es seguro consumir.

¿Por qué los agricultores utilizan cultivos MG?

El comodín del lobby de los OMG a la hora de responder en estos debates es preguntar: si los OMG resultan tan mediocres y problemáticos, ¿por qué los cultivan tantos agricultores en tantos países?

La respuesta más sencilla es que mientras que algunos agricultores sí que cultivan OMG, la gran mayoría no lo hace. La agricultura sin OMG es, de lejos, el modelo dominante. Las cifras del sector en 2013 muestran que existen 18 millones de agricultores cultivando OMG en 27 países en todo el mundo: esto supone menos de un 1% de los agricultores a nivel global. En torno al 92% de los OMG se cultivan en seis países, en los que existen fundamentalmente cuatro cultivos: soja, maíz, colza aceitera (canola) y algodón. El ochenta y ocho por ciento de la tierra cultivable a nivel global continúa libre de OMG.[1]

Es más, en 2014, las cifras del sector revelaban que el cultivo de OMG había caído en los países industrializados por primera vez desde que comenzaron a comercializarse en 1996. Clive James, director del grupo sectorial ISAAA, admitió que, en adelante, la expansión del sector estaría dirigida hacia los países en desarrollo.[2]

Tal y como los datos y casos presentados en este informe demuestran, resulta irresponsable utilizar a los agricultores de los países en desarrollo como conejillos de indias para el cultivo de variedades MG experimentales, que la mayoría de las personas no quieren consumir.

Es hora de avanzar

Durante las últimas dos décadas, los defensores de los OMG han dominado el debate político y mediático en materia de agricultura y alimentación. Muchas de nuestras universidades y centros de investigación agrícola aceptan financiación de la industria de los OMG y persiguen complacientemente una agenda centrada exclusivamente en la ingeniería genética, ignorando soluciones agroecológicas de probada eficacia que se centran en mejorar la calidad del suelo y mantener la salud y diversidad de los cultivos. La propaganda pro-OMG ha llegado incluso a los temarios de colegios y universidades.

Sin embargo la población, que en su mayoría no quiere consumir alimentos MG, sigue sin estar convencida. Se ha vuelto común entre los lobbistas pro-OMG intentar eliminar la resistencia a los alimentos y agricultura MG diciendo que se ha terminado el debate, que la ciencia ha demostrado que los OMG son seguros y beneficiosos, y que ya es hora de avanzar y aceptarlos.

Tan sólo estamos de acuerdo con una parte de esta argumentación. Sí que es hora de avanzar, pero en la dirección contraria a la que ellos promueven. Los datos científicos presentados en este informe demuestran que los supuestos beneficios de los cultivos y alimentos MG no compensan los riesgos que conocemos.

Es hora de afrontar lo que los datos nos dicen sobre los OMG, y dejar de fingir que pueden conseguir algo que la agricultura libre de OMG y una buena gestión no pueden hacer mucho mejor, con un coste mucho menor y sin las restricciones asociadas a la propiedad de las patentes. De hecho, las patentes representan el único ámbito en el que los cultivos y alimentos MG superan a los no-MG. Si alguna vez se volviera tan sencillo patentar un cultivo no-MG como lo es un cultivo MG, probablemente los alimentos y cultivos MG quedarían para siempre en el basurero de la historia. La ingeniería genética agrícola no es una tecnología lo suficientemente inteligente o útil para tener éxito por mérito propio. Sólo resulta interesante para las empresas transnacionales y sus aliados en los gobiernos como vía para patentar los suministros de alimento humano y animal.

Una vez que este hecho haya quedado claro para los ciudadanos y las autoridades, esperamos que destinen los recursos y la financiación a la agricultura segura, sostenible e igualitaria que el mundo necesita.

Referencias: 

1. Amigos de la Tierra. Who benefits from GM crops? An industry built on myths . Amsterdam, Países Bajos; 2014. Disponible en: http://www.foeeurope.org/sites/default/files/publications/foei_who_benefits_from_gm_crops_2014.pdf.

2. Kaskey J. Modified crop plantings fall in industrialized nations. Bloomberg . http://www.bloomberg.com/news/2014-02-13/modified-crop-plantings-fall-in-industrialiez-nations.html. Publicado el 13 de febrero de 2014.

Compártelo: